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jueves, julio 31, 2008

CAMINAR PARA BAJAR DE PESO

Al parecer, algunas personas sedentarias pasan más tiempo que otras reclinadas en sus sillas o sillones. Y esa diferencia podría ser clave para determinar quién va a aumentar de peso y quién va a mantenerse esbelto.

Los investigadores de la Clínica Mayo creen que no son los viajes al gimnasio, sino el ritmo de las actividades diarias lo que constituye el factor determinante para fijar el peso de cada persona, según un pequeño estudio de personas que se describieron a sí mismas como sedentarias.

Los científicos hallaron que las personas obesas estudiadas se sentaban durante unos 150 minutos diarios más que las personas delgadas que participaron en el estudio. Ello implicaba que las primeras quemaban unas 350 calorías menos que las segundas.

Los investigadores tuvieron en cuenta el papel que desempeñan actividades rutinarias como caminar, hablar, sentarse y pararse.

Si los sujetos con exceso de peso pudiesen adoptar la conducta de sus homólogos delgados, ello implicaría una pérdida de unos 15 kilos al año, dijo el estudio. Y no sería necesario siquiera ir al gimnasio para conseguir esa rebaja de peso.

"Creo que nuestro estudio es un rayo de esperanza, porque hace 50 años nuestras condiciones biológicas eran las mismas, pero la obesidad no era prevaleciente en Estados Unidos", dijo el director del estudio, el endocrinólogo James Levine.

"Si pudiéramos volver a los niveles de actividad de hace 50 años, tendríamos el potencial de dar marcha atrás en cuanto a la obesidad", agregó.

El déficit de actividad de los participantes sedentarios no reflejaba necesariamente una falta de motivación, dijo Levine. En lugar de ello, podría ser indicio de una diferencia en la composición química del cerebro, porque incluso cuando los obesos perdieron peso, continuaban llevando una vida sedentaria. Y cuando los delgados aumentaron de peso, no por ello adoptaron costumbres sedentarias.

Los investigadores estudiaron diez sujetos medianamente obesos y diez delgados, y los vistieron con una ropa interior especial que utilizaba una tecnología desarrollada para los tableros de control de los aviones a reacción.

Detectores distribuidos por esa ropa interior registraron las posturas y movimientos de los sujetos las 24 horas del día durante diez días.

Los voluntarios continuaron llevando sus vidas normales salvo que ingirieron todas sus comidas en un hospital de Rochester y se aseguraron de no dejar comestibles -- calorías -- en sus platos.

En la fase siguiente, los investigadores aumentaron 1.000 calorías diarias en las comidas de los voluntarios delgados durante 10 días más, de modo que pudiesen aumentar de peso, al tiempo que eliminaban mil calorías diarias de los obesos, para que pudiesen rebajar.

El estudio, publicado en la revista Science, se basó en los datos compilados acerca de los diferentes niveles de actividad entre los participantes gordos y delgados.

Para mantener la figura no sólo sirven los ejercicios aeróbicos. Científicos estadunidenses afirman que el secreto radica en modificar las actividades cotidianas: subir escaleras en lugar de usar el elevador, lavar a mano los platos en lugar de usar el lavavajillas, caminar en lugar de ir en automóvil o autobús.

El cuerpo quema calorías cuando marca un ritmo con los pies, aseguran James Levine y colegas de la Clínica Mayo de Rochester, en Minnesota, en la revista científica Science (volumen 307, página 584) en su edición de mañana viernes.

El equipo de investigadores realizó un experimento con diez personas de peso normal y otras diez que tenían un leve sobrepeso, a quienes les colocaron sensores en el cuerpo. Estos artefactos registraban todo movimiento, por más pequeño que fuera, durante todo el día.

Todos los participantes tenían empleos en los que debían permanecer sentados. Durante los diez días que duró la experiencia realizaron sus actividades normales, salvo que comían en la clínica, para garantizar que todos consumieran porciones iguales con la misma cantidad de calorías.

El análisis de un total de 150 millones de datos mostró que las personas más delgadas estaban "en movimiento" un promedio de 150 minutos por día más que las que tenían sobrepeso. Esta diferencia hacía que diariamente quemasen 350 calorías más, explicó Levine.

Como unidad de medida para un metabolismo más activo, el equipo utilizó el concepto Non-Exercise Activity Thermogenesis - NEAT - (Quema de calorías por actividades no deportivas).

En una fase posterior del estudio, los científicos demostraron así que las personas sedentarias hacen menos actividad física por naturaleza y no como consecuencia de su peso.

Pusieron a dieta a las 10 personas con sobrepeso, mientras que los más delagados tenían que ingerir mil calorías más por día.

A pesar de bajar de peso, las personas con sobrepeso no se vieron estimuladas a realizar ejercicios físicos.

En cambio, las personas más delgadas continuaban moviéndose más, a pesar de haber subido unos kilos, y de esta manera crearon las condiciones para bajar nuevamente de peso.

Aquí te damos 7 razones de por qué funciona:

1.- Caminar quema calorías. Por ejemplo una persona que pesa aproximadamente 75 kilogramos y camina un kilómetro en 9 minutos, quemará un promedio de 550-800 calorías en una hora. Estas calorías son comparables a una comida regular.

2.- Caminatas regulares aumentan tu ritmo metabólico. Es conocido el hecho de que una caminata cinco veces a la semana por 30 minutos a una intensidad de moderada a vigorosa aumenta tu ritmo metabólico. Este aumento en el metabolismo dura varias horas después del ejercicio, por lo que se continua quemando calorías a una velocidad más rápida aún después de terminada la caminata y estando relajado.

3.- Una caminata puede actuar como supresor del apetito. Primero, esto se debe al aumento de la producción de una sustancia química llamada serotonina, la cual cuando alcanza cierta concentración en el cerebro suprime el apetito. Segundo, el caminar aumenta los niveles de una hormona llamada noradrenalina, que no solo aumenta el ritmo metabólico, sino que también inhibe el apetito. Al mismo tiempo, aumenta los niveles de adrenalina que son útiles para movilizar la grasa de las células que son quemadas por la energía del ejercicio.
Las caminatas aumentan tu tejido muscular. Caminatas regulares aumentan la proporción de peso músculo en todo el cuerpo. Mientras que un kilo de músculo es menor y más compacto que un kilo de grasa. Tu cuerpo lucirá más firme, liso y moldeado.

4.- Las caminatas reducen el factor de sobrealimentación. Muchas personas se sobrealimentan por razones que nada tiene que ver con el hambre, el stress, el aburrimiento, depresión, soledad, etc. Es conocido que un programa de ejercicio puede ayudar a reducir o aliviar por completo estos factores.

5.- Las caminatas aumentan la autoestima. También dan una sensación de “bien estar”, y esto induce a los caminadores a tener una motivación para mantenerse en un peso correcto y alimentarse sanamente, porque se sienten mejor consigo mismos. Una persona con una buena autoestima, tiene más posibilidades de dejar de comer compulsivamente.

6.- Caminar ayuda a acelerar el tiempo del transito intestinal. Algunas investigaciones y médicos creen que los ejercicios aeróbicos ayudan a que los alimentos permanezcan menos tiempo en el estómago y los intestinos, por lo que hay menos tiempo para que las calorías y la grasa sean absorbidas.

7.- Para que estés bien

Para que puedas gozar de todos estos beneficios no es necesario participar en maratones, basta con caminar 30 minutos diarios, cinco veces a la semana.

Fuente: Clínica Mayo

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martes, junio 10, 2008

PERSONALIDAD "D", FACTOR DE RIESGO

Más de la mitad de los hipertensos responden a este perfil psicológico.

En las personas retraídas y propensas a ver siempre "el vaso medio vacío", el aparato cardiovascular es más vulnerable.

El corazón no será el centro de las emociones, como creían los antiguos y como cantan los boleros, pero sí es, por diferentes mecanismos que aún están por ser dilucidados del todo, un epicentro que sufre las consecuencias de lo que pasa en el sistema nervioso.

Lo que sí parece cada vez más claro es que si estar de mal humor, triste o enojado –o todas esas cosas a la vez– pasara a ser lo normal, si estar preocupado fuera una constante aunque no hubiera motivos, y si además resultara muy difícil compartir los sentimientos con las demás personas, nos estaríamos cargando a cuestas otro importante factor de riesgo de enfermedad coronaria o de hipertensión arterial, entre otras enfermedades crónicas que involucran al aparato cardiovascular.

La relación se sospecha desde hace tiempo, pero actualmente varios científicos intentan medir la importancia epidemiológica de este factor de riesgo, definido como una combinación entre vulnerabilidad al estrés negativo (disestrés) que se manifiesta como una "afectividad negativa" (pesimismo, malhumor, sensación de infelicidad y preocupación constante) y cierta dificultad para el contacto social, a la que los estudiosos dieron en llamar personalidad tipo D.

Aunque cada una de estas características de la personalidad parecen afectar al corazón también por separado, es la combinación de ambas lo que funcionaría de forma sinérgica, potenciando mutuamente sus efectos.

La personalidad tipo D (de distrés, que es el estrés relacionado con la sobrecarga de preocupaciones, más que el estrés desencadenado por el esfuerzo físico) comenzó a ser estudiada como factor de riesgo cardiovascular a fines de la década del noventa, aunque recién en el año 2005 el investigador Johan Denollet publicó en la revista Psychosomatic Medicine la guía DS14, que es la que se utiliza para identificar con precisión este tipo de personalidad y evaluar el grado de riesgo que puede representar para los pacientes cardíacos.

"La personalidad tipo D representa un importante factor de riesgo que los cardiólogos deberán tener en cuenta en sus pacientes, sobre todo para las enfermedades crónicas, a diferencia de la depresión, que supone otro tipo de riesgo", aseguró en su reciente paso por Buenos Aires la doctora Angelique Schiffer, investigadora del departamento de Psicología Médica de la Universidad de Tilburg, Holanda, y coautora de trabajos realizados junto con Denollet sobre este tema.

Schiffer participó como disertante en el XVI Congreso Mundial de Cardiología que tuvo a la Argentina como sede, en mayo pasado. Allí resumió, en base a la investigación clínica realizada hasta la fecha, todo lo que hoy se sabe sobre la relación entre el corazón, las arterias y la personalidad tipo D.

Mientras la persona con depresión tiene más riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, el "paciente D" es más propenso a contraer afecciones crónicas del aparato circulatorio. El dato más significativo para demostrar su influencia es que de una población de personas hipertensas estudiada por los expertos, el 53% resultó coincidir con el perfil descrito como "D".

"La prevalencia de esta característica de la personalidad en la población general va del 13 al 24%, según cada uno de los estudios, por eso es significativo que entre las personas con cardiopatías isquémicas haya habido de un 25 a un 36% de pacientes tipo D", señaló Schiffer como ejemplo.

También entre el 24 y el 45% de las personas con arritmias, el 35% de los que tienen problemas en las arterias periféricas y hasta casi el 30% de los trasplantados de corazón, según dijo, podrían echarle la culpa a su "carácter D".

Relaciones múltiples

Los estudios poblacionales realizados por estos investigadores europeos determinaron que tener una personalidad tipo D no tiene que ver con la edad, ni con la condición socioeconómica, ni con el nivel de educación formal. Y no implica padecer depresión, aunque sí es un factor predisponerte. También predispondría a padecer ansiedad, bajos niveles de autoestima y disforia.

Aunque cabe aclarar que hay investigadores –como el realizado por Martine Habra en 2003– que son críticos con respecto a la importancia de este rasgo del carácter en la salud y afirman que no hay evidencia concluyente de sus efectos sobre las enfermedades cardíacas, otros estudios relacionan a la personalidad D, además, con hiperactividad fisiológica, activación del sistema inmunológico y respuestas inadecuadas a los tratamientos aplicados por el cardiólogo.

Schiffer aseguró, por otra parte, que los pacientes tipo D con insuficiencia cardíaca reportan más síntomas de su enfermedad y se preocupan más por esos síntomas, pero consultan menos.

En su estudio publicado en 2005, Denollet sugiere que las personas con un alto grado de inhibición social tienden a inhibir los signos que pudieran hacer ver a los demás cómo se sienten, como una estrategia para contener las emociones, pero que es justamente esa inhibición la que se relaciona con una reactividad cardiovascular y con un alto grado de variación del ritmo cardíaco.

"Además de ser una relativa falencia para implementar estrategias más adecuadas para regular las emociones, el incremento de la vulnerabilidad por este «estrés interpersonal» es, por sí mismo, una característica promotora de enfermedades", subraya.

La inhibición social ha sido relacionada con altos niveles de catecolaminas (hormonas del estrés, entre las cuales se encuentra la adrenalina) y con aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Y produce una activación del nervio simpático (regulador de los procesos vitales y otros fenómenos orgánicos) que es la que produciría su efecto sobre el sistema inmunológico, que se registra a nivel de las citoquinas, enzimas que actúan en los procesos inflamatorios.

De hecho, la especialista holandesa planteó la acción por esa vía como posible vía de reducción del riesgo desde la química. Además de una psicoterapia que ayude a ver que hay otras formas de tomarse la vida.

Marcelo Rodríguez

Para identificarse como "D"

Para conocer el grado de riesgo cardiovascular que implica cada una de las afirmaciones que conforman el test DS14, diseñado por el belga Johan Denolle en base a investigaciones clínicas con más de 2500 pacientes, es necesario conocer muchos otros datos, porque la ponderación varía según la edad, el sexo, el estado clínico y muchos otros factores.

Pero para saber cuán cerca se está de la "personalidad tipo D" y empezar a pensar cómo cambiar de estilo de vida, las 14 afirmaciones –cada una de las cuales deberá ser calificada con sinceridad como "falsa", "casi falsa", "neutra", casi verdadera" o "verdadera" según sea el caso– son las siguientes:

1.– Establezco contacto fácilmente cuando conozco gente.

2.– A menudo, "me ahogo en un vaso de agua" por asuntos insignificantes.

3.– Suelo hablarle a extraños.

4.– A menudo me siento infeliz.

5.– Me irrito con frecuencia.

6.– En las relaciones sociales a menudo me siento inhibido.

7.– Tengo una visión pesimista de las cosas.

8.– Me cuesta iniciar una conversación.

9.– Frecuentemente estoy mal de ánimo.

10.– Soy una persona cerrada.

11.– Prefiero poner distancia respecto de los demás.

12.– A menudo me encuentro preocupado por algo.

13.– A menudo me siento decaído.

14.– No encuentro cosas apropiadas de las que hablar al socializar.
Fuente: LaNacion.com.ar

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viernes, marzo 21, 2008

SÍNDROME METABÓLICO: ENEMIGO DEL CORAZÓN

En España, uno de cada tres adultos cumple los criterios para sufrir el síndrome metabólico. La gran pista para determinar si una persona lo padece la proporciona la obesidad central, que se mide con la circunferencia de la cintura

Es de sobras conocido que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en España y en muchas sociedades desarrolladas. Pero, ¿cómo saber quién tiene más riesgo? El síndrome metabólico pone a los médicos sobre la pista. Se estima que las personas con síndrome metabólico tienen un 20% más de riesgo de sufrir un episodio coronario en los diez años siguientes frente a las que no lo tienen. Por eso, averiguar quién lo padece es fundamental para tomar las precauciones precisas sobre la enfermedad y evitar la muerte cardiovascular (infarto cardiaco o cerebral o una angina de pecho).

El síndrome metabólico no es una sola enfermedad, es la asociación de varias anomalías metabólicas. Se trata del punto final de dos situaciones: la obesidad central (localizada en el abdomen) y la resistencia a la insulina, una reacción propiciada por la obesidad y el sedentarismo y que precede a la diabetes. Pero también incluye alteraciones del metabolismo de la glucosa (azúcar), en concreto, hiperglicemia leve en ayunas (110-126 mg/dl); alteraciones del perfil lipídico, es decir, aumento de triglicéridos (150-250 mg/dl), descenso del colesterol HDL (popularmente conocido como colesterol "bueno") e hipertensión arterial leve.

Todas estas anomalías metabólicas se consideran como tales cuando se superan determinados puntos de corte según distintas clasificaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Panel del Tratamiento de Adultos (ATP-III) y la Federación Internacional de Diabetes (IDF). Se considera que una persona sufre síndrome metabólico cuando cumple al menos tres de los criterios expuestos.

Enfermedad moderna

El síndrome metabólico se extiende en las sociedades modernas de forma imparable. La OMS ha calificado la obesidad como la epidemia mundial del siglo XXI y el problema de salud pública número uno. Al exceso de peso se asocian, entre otras patologías, la diabetes y, por supuesto, el síndrome metabólico. Son enfermedades propiciadas por la vida urbana y los cambios en los estilos de vida y de alimentación, como el abandono de una dieta tradicional rica en vegetales, cereales y frutas hacia una dieta occidental de preparación rápida, con alto contenido graso y calórico y pobre en fibra (hamburguesa, patatas fritas, pizza y bebidas de cola).

Tampoco ayuda la disminución de la actividad física relacionada con la mecanización de las actividades diarias y con los cambios en las manifestaciones recreativas de adultos y, en especial, de niños. Este binomio de dieta inadecuada y sedentarismo ha derivado en un aumento de la población afectada por el sobrepeso y la obesidad. Y se ha pasado del sobrepeso a las alteraciones metabólicas que acompañan a la obesidad.

Población afectada

En España, uno de cada tres adultos cumple los criterios para sufrir síndrome metabólico. Pero la proporción es mayor entre la población obesa, ya que el 70%-80% sufren síndrome metabólico. Las personas más afectadas por obesidad y síndrome metabólico suelen pertenecer a los grupos sociales con menor nivel educativo y económico, ya que tienden a consumir comida barata e hipercalórica que conduce a la obesidad.

Los niños y adolescentes no están exentos de sufrir síndrome metabólico. La obesidad infantil también está aumentando en la sociedad moderna. En el estudio 'enKid', efectuado en una población de entre 2 y 24 años, se comprobó que el 14% de los niños españoles son obesos y que el 12% tienen sobrepeso y, por tanto, con riesgo de desarrollar síndrome metabólico. Otro estudio reciente, publicado en Anales españoles de Pediatría, realizado en un grupo de 97 niños y adolescentes obesos, detectó que el 20% tenía síndrome metabólico. Este dato coincide con el de otros estudios que sitúan la prevalencia infantil entre el 20% y el 30%.

El embarazo también es un estado especial de la mujer en el que, debido al aumento de peso, puede aparecer hipertensión arterial y desarrollar diabetes gestacional. Una situación circunstancial que no debe considerarse síndrome metabólico, a menos que la embarazada ya lo padezca antes de la gestación o lo desarrolle después del parto si no consigue perder la mayoría del peso ganado durante la gestación.

La pista: el perímetro de la cintura

La gran pista para determinar si una persona padece o no síndrome metabólico la proporciona la obesidad central, que se mide con la circunferencia de la cintura. El tejido graso que se acumula alrededor del abdomen es más peligroso desde el punto de vista de riesgo cardiovascular. Esta obesidad central, o en forma de manzana, afecta más a los hombres. Por el contrario, la obesidad en forma de pera, donde la grasa se sitúa sobre todo en nalgas y muslos, es más habitual en mujeres y no entraña tanto riesgo cardiovascular.

Por esta razón, una consigna lanzada por varias sociedades científicas, aunque aún no muy extendida, es que los médicos midan el perímetro de la cintura de sus pacientes. En los hombres, la circunferencia de la cintura no puede exceder los 102 centímetros y, en mujeres, los 88 centímetros. Las personas que sobrepasan estas medidas tienen grasa visceral (alrededor de las vísceras) y riesgo cardiovascular. La circunferencia de la cintura también se utiliza en niños pero adaptada a edad, sexo y estadio de maduración sexual.

Tratamiento

El tratamiento del síndrome metabólico consiste en abordar cada uno de los factores que han provocado su aparición para intentar revertirlo. El primer objetivo del tratamiento es la obesidad, que se define como un índice de masa corporal (o IMC) superior a 30. El IMC se obtiene de dividir los kilogramos que pesa una persona por su altura en metros al cuadrado (kg/m2). Después del tabaco, la obesidad es el segundo factor de riesgo de muerte cardiovascular modificable. Se sabe, además, que las personas obesas tienen más probabilidades de sufrir síndrome metabólico respecto a las que tienen sobrepeso (IMC mayor que 25). Es muy posible que la convivencia de varios problemas de salud asociados obligue a que médicos internistas y cardiólogos deban implicarse en la atención de estos pacientes.

Vuelta atrás

En muchos casos, cuando se elimina la obesidad el síndrome se puede revertir. Un estudio de la Universidad de Duke (EE.UU.), que recoge la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), ha demostrado que caminar 30 minutos a buen paso todos los días de la semana puede descomponer el síndrome metabólico. El síndrome se puede revertir cuando una persona que tiene una acumulación de factores de riesgo los corrige y, en consecuencia, disminuye el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular. No obstante, debe mantener los estilos de vida cardiosaludables y, en muchos casos, seguir tomando fármacos para tener controlados todos los factores que lo ocasionan.

Fuente: Consumer.es

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lunes, marzo 10, 2008

LOS "ATRACONES" Y LA OBESIDAD

Un estudio realizado en España señala que es muy importante el trastorno de conducta llamado "atracón" en su relación con el sobrepeso y con la obesidad.

Infórmese para estar al día, el conocimiento crece y se acumula mucha información, en los artículos contenidos en este sitio encontrará una selección de temas relevantes y pertinentes tanto sea usted profesional como persona con obesidad.

Entendiendo la obesidad del adulto

Más del 60% de los estadounidenses mayores de 20 años de edad están en sobrepeso corporal.

Para la mayoría de las personas, el término obesidad significa ser muy excedido de peso. Los profesionales de la salud definen al sobrepeso como un exceso del monto de peso corporal incluyendo músculos, huesos, grasa y agua.

Obesidad específicamente se refiere a un exceso del monto de grasa corporal. Algunas personas tales como los fisicoculturistas u otros atletas con mucho músculo pueden tener sobrepeso sin ser obesos.

Cualquiera necesita un cierto monto de grasa corporal para almacenar energía, aislar al cuerpo para mantenerlo caliente, absorver golpes y otras funciones. Como una regla, las mujeres tienen más grasa corporal que los hombres.

La mayoría de los prestadores de salud están de acuerdo en que hombres con más del 25% de grasa corporal y mujeres con más del 30% de grasa (tejido adiposo) son obesos.

Medir exactamente la grasa del cuerpo no es tarea sencilla. La más precisa medición se realiza sumergiendo a una persona en agua o empleando el test de Rayos X denominado "Dual Energy X-Ray Absorptiometry" (DEXA).

Estos métodos no son prácticos para las personas promedio y se realizan sólo en centros de investigación con equipo especial.

Hay métodos simples para estimar la grasa corporal. Uno es mensurar la delgadez de un pliegue de grasa justo debajo de la piel, en varios lugares del cuerpo.

Otro implica enviar una cantidad de electricidad inofensiva a través del cuerpo de una persona.

Ambos métodos se usan en los clubes de salud y en los programas comerciales para perder peso.

Los resultados de estos métodos pueden ser imprecisos si se realizan por personas inexpertas o en alguien con obesidad severa.

A causa de las dificultades, los prestadores de la salud a menudo buscan otras formas o medios para diagnosticar obesidad.

Tablas de peso por altura, las cuales han sido usadas por décadas, usualmente tienen un rango de pesos aceptables para una persona de una altura dada.

Un problema con estas tablas es que hay muchas versiones, todas con diferentes rangos de peso.

Un cuarto de los norteamericanos adultos son casi obesos exponiéndose al creciente riesgo por enfermedades crónicas tales como las cardiopatías, diabetes Tipo 2, presión arterial elevada, accidentes cerebrovasculares y algunas formas de cáncer.

Otro problema es que no distinguen entre exceso de grasa y de músculos.

Una persona muy musculosa aparece como obesa según estas tablas, cuando él o ella no lo son. En años recientes, el índice de masa corporal IMC (BMI) ha venido a ser el estándar médico empleado para evaluar sobrepeso y obesidad.

El IMC emplea una fórmula de base matemática sobre el peso y la altura de las personas. El IMC es igual al peso en Kgs. dividido por la altura en metros al cuadrado (IMC= Kg/m2).

Por consiguiente los rangos de IMC mostrados en una tabla no son rasgos exactos de salubre o insalubre peso, son guías usables.

Un IMC de 25 a 29,9 indica que una persona tiene sobrepeso. Alguien con IMC de 30 o mayor es considerada obesa.

Igual que las tablas de peso por altura, el IMC (BMI en inglés) no muestra la diferencia entre exceso de grasa y músculos. Como sea el IMC está más asociado a la grasa corporal. También predice el desarrollo de problemas de salud relacionados con peso excesivo. Por estas razones el IMC (BMI) es usado ampliamente por los prestadores de salud.

Los profesionales están interesados no solamente en cuanta grasa una persona tiene, también donde se encuentra localizada en el cuerpo.

Las mujeres típicamente juntan grasa en sus caderas y cglúteos, dando forma de pera a su cuerpo. Los varones habitualmente desarrollan tejido adiposo en su abdomen, teniendo así forma de manzana.

Hay hombres con forma de pera y algunas mujeres con forma de manzana, especialmente luego de la menopausia. Si usted acumula adiposidades principalmente alrededor de su cintura, usted está más vinculado a desarrollar problemas de salud.

Mujeres con una medida de cintura mayor a 35 pulgadas y hombres con una medida de cintura mayor de 40 pulgadas tienen un alto riesgo a causa de la distribución de su grasa.

En términos científicos, ocurre obesidad cuando una persona consume más calorías que él o ella queman (la grasa es energía almacenada para luego destinar a la combustión interna de los procesos del metabolismo).

Lo que causa el desbalance entre calorías ingresadas y calorías egresadas puede diferir de una persona a otra. Genética, ambiente, causas psicológicas y otros factores pueden todos jugar una parte.

La obesidad tiende a darse en familias, sugiriendo una causa genética. Cierto que las familias comparte la dieta y el estilo de vida que pueden contribuir a la obesidad.

Separar esto de factores genéticos es bastante dificultoso. De todas maneras la ciencia muestra que la herencia está vinculada a la obesidad.

En un estudio, adultos que fueron adoptados cuando eran niños tenían pesos cercanos a sus parientes biológicos más que a sus parientes adoptivos.

En estos casos la estructura genética tiene más influencia sobre el desarrollo de obesidad que el ambiente en el hogar de la familia adoptiva.

Los genes no destinan irremediablemente a la gente a la obesidad. El ambiente tiene una fuerte influencia en la obesidad. Esto incluye el estilo de vida, la conducta alimentaria y el nivel de actividad física.

Los norteamericanos y en general, en la vida urbana hoy, tienden a comer alimentos con mucha grasa y ponen gusto y conveniencia por delante de la nutrición. La mayoría no logra suficiente actividad física.

Usted no puede cambiar su composición genética, si puede cambiar sus hábitos alimentarios y nivel de actividad.

Factores físicos pueden también influenciar hábitos de alimentación. Mucha gente come en respuesta a emociones negativas tales como el aburrimiento, el enojo o la infelicidad.

La mayoría de la gente con sobrepeso no suelen tener más problemas psicológicos que otras personas de peso normal. Hasta un 10% de las personas medianamente obesas intentando perder peso por su cuenta o a través de programas de reducción de peso tienen desórdenes de la conducta alimentaria y suelen estar vinculadas a síntomas de depresión o baja autoestima.

Estas personas pueden tener más dificultad para perder peso y mantenerlo bajo que aquellas sin desórdenes de la conducta alimentaria.

Si usted tiene exceso de peso por desórdenes alimentarios busque ayuda de profesionales tales como un psiquiátra, psicólogo o médico clínico al menos.

Algunas enfermedades pueden llevar a la obesidad o a la tendencia a ganar peso. Estas incluyen al hipotiroidismo, el sindrome de Cushing, depresión y ciertos problemas neurológicos que llevan a la sobreingesta.

También, drogas tales como los esteroides y algunos antidepresivos pueden dar ganancia de peso.

Un médico puede decir si hay condiciones subyacentes causando ganancia de peso o dificultando la pérdida de peso.

La obesidad es más que un problema cosmético, es un riesgo para la salud. Aproximadamente 280.000 adultos mueren en USA cada año por causas relacionadas con la obesidad.

Varias condiciones médicas serias están vinculadas a la obesidad, por ejemplo: diabetes Tipo 2, enfermedades del corazón, hipertensión arterial y accidentes cerebrovasculares.
La obesidad también están relacionada con ciertos cánceres en mayor frecuencia. Los hombres obesos son más propensos que los no obesos a morir de cáncer de colon, recto o próstata. Mujeres obesas son más propensas que las obesas a morir de cáncer de bejiga, mama, útero, cuello de útero o ovarios.

La mayoría de los profesionales de la salud generalmente están de acuerdo que las personas obesas son vulnerables para desarrollar problemas de salud.

El sufrimiento emocional puede ser una de las más dolorosas partes de la obesidad. La sociedad americana enfatiza la apariencia física y a menudo igual atractividad con delgadez, especialmente para las mujeres. Tales mensajes hacen que la gente con sobrepeso se sienta poco atractiva.

Much gente piensa que las personas obesas son glotonas, perezosas, o ambas, pero pensando bien esto no es verdad. Como resultado, la gente obesa a menudo encara prejuicio o discriminación en el mercado laboral, la escuela y en situaciones sociales. Sentimientos de rechazo, verguenza o depresión, son comunes.

Los profesionales de la salud generalmente acuerdan que personas que tienen un IMC de 30 o más pueden mejorar su salud a través del descenso de peso. Esto es especialmente verdad para aquellos severamente obesos.

Prevenir adicionales aumentos de peso es recomendable si usted tiene un IMC entre 25 y 29,9 a menos que usted tenga factores de riesgo adicionales. Los expertos en obesidad recomiendan que usted intente bajar de peso si tiene:

  • Parientes cercanos que han tenido enfermedades cardíacas o diabetes

  • Sobrepeso


Afortunadamente una pérdida de peso del 5 al 10% pueden hacer mucho para mejorar su salud por descenso de la presión arterial y niveles de colesterol. En adición, recientes investigaciones han mostrado que 5 a 7% de pérdida de peso puede prevenir la diabetes Tipo 2 en personas de alto riesgo para esta enfermedad.

El método de tratamiento depende de su nivel de obesidad, condiciones generales de salud y motivación para bajar de peso. El tratamiento puede incluir una combinación de dieta, ejercicios, modificación de la conducta y a veces drogas para bajar de peso. En algunos casos de obesidad severa, la cirugía gastrointestinal puede ser recomendable.

Fuente: WIN (Weight-control Information Network)

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miércoles, febrero 27, 2008

EL EXCESO DE PESO ASOCIADO A 13 TUMORES

Podría convertirse en el principal factor evitable asociado al cáncer, superando al tabaco

MADRID.- 141 artículos científicos y 282.137 casos de cáncer han servido para confirmar lo que otros expertos han venido advirtiendo: los kilos de más no sólo causan infartos y diabetes, sino también cáncer. Según una gran revisión de estudios, publicada en la revista ‘The Lancet’, un índice de masa corporal (relación entre el peso y la altura) elevado se asocia con más de una docena de tumores.

Tal y como resume el comentario que acompaña al trabajo, “este amplio meta-análisis, que incluye muchos estudios recientemente publicados, avala fuertemente las evidencias previas de que un excesivo peso corporal aumenta el riesgo de cáncer en casi todas partes“. A saber: cáncer renal, de colon, de tiroides, adenocarcinoma esofágico, y, en menor medida, mieloma múltiple, leucemia y linfoma no Hodgkin. Además, entre los hombres gordos se dan más tumores rectales y melanomas malignos, mientras entre las mujeres con exceso de peso se desarrollan más tumores de vejiga, páncreas y endometrio, además de cánceres de mama posmenopáusicos.

“Muchas de las asociaciones observadas entre el aumento del IMC [índice de masa corporal] y el riesgo de cáncer es para tumores que no están relacionados con el tabaquismo. Posiblemente, a medida que disminuya el consumo de tabaco (que es la mayor causa de tumores en países desarrollados), el exceso de peso podría convertirse en el principal factor del estilo de vida que contribuye a la aparición de cáncer en estos países”, estiman los autores, procedentes de las universidades de Manchester (Reino Unido) y Berna (Suiza).

Según su riguroso estudio, por cada cinco puntos que aumentaba el índice de masa corporal, los hombres tenían un 52% más de probabilidades de desarrollar un adenocarcinoma esofágico, mientras que, en las féminas, el riesgo de desarrollar un cáncer de endometrio o vejiga crecía un 59%. Esos cinco puntos corresponderían con aumentos de peso de unos 15 kilos en hombres y 13 kg en mujeres para personas con un peso normal (IMC de 23), según calculan los investigadores.

Estos expertos utilizaron el baremo del índice de masa corporal porque era el que aparecía con más frecuencia en los estudios para medir el exceso de peso. “Sin embargo, las medidas de la obesidad abdominal, como el contorno de la cintura o la relación cintura/cadera, puede ser mejor predictor del riesgo de cáncer, como en el caso del riesgo cardiovascular”, estiman las autoras del comentario, dos epidemiólogas nutricionales del Instituto Karolinska (Estocolmo, Suecia).

Novedades e incógnitas

Hasta ahora, la mayoría de los trabajos que analizaban el binomio peso/cáncer habían estudiado la relación del exceso de peso con tipos concretos de cáncer. A comienzos de este año, el World Cancer Research Fund dio un paso más, concluyendo que el exceso de grasa se relacionaba con seis tipos de cáncer. “Nuestros hallazgos amplían los resultados de informes previos, para mostrar asociaciones entre un aumento del IMC y el riesgo de cáncer para tumores menos comunes y la evidencia que las asociaciones pueden diferir entre hombres y mujeres para algunas localizaciones, sobre todo en el cáncer de colon [asociado a hombres gordos, pero apenas a mujeres]”, explican los autores.

Lo que prácticamente no difería era el riesgo a lo largo y ancho del globo: la relación entre el cáncer y el exceso de peso se detectó en estudios europeos, americanos y asiáticos. Únicamente el riesgo de desarrollar un tumor de mama en la menopausia parecía ser más frecuente entre mujeres de la región Asia-Pacífico que eran obesas o tenían sobrepeso.

Pese a estas respuestas, los autores reconocen que todavía quedan diferentes cuestiones que resolver en cuanto al exceso de peso. “Tenemos que saber si las intervenciones eficaces para reducir el IMC en poblaciones adultas reducirán los riesgos de cáncer. Este conocimiento nos permitirá diseñar estrategias de salud pública para evitar los tumores relacionados con la obesidad en todo el mundo”, concluyen.

Fuente: El Mundo

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viernes, enero 18, 2008

DE LA CINTURA AL CORAZÓN

El exceso de cintura perjudica al corazón


La acumulación de grasa visceral, que se traduce en forma de barrigas prominentes, puede multiplicar por cuatro el riesgo de enfermedades cardiovasculares


Con la edad nuestras arterias envejecen y aumenta el riesgo de padecer un infarto o un accidente vascular cerebral. No podemos parar el reloj pero podemos intentar corregir todas aquellas causas que aceleran el deterioro. A las ya conocidas como el tabaco o el colesterol, el tener una barriga prominente ha demostrado ser uno de los factores que más aumentan nuestro riesgo cardiovascular. Recientemente han aparecido datos que revolucionan el concepto que hasta ahora se tenía. Más importante aún que el hecho de tener un peso por encima de lo normal es la acumulación de grasa en ciertas partes del cuerpo.

A estas alturas todos sabemos que los kilos de más son perjudiciales para la salud pero en estos últimos años se ha definido un nuevo concepto muy importante del que no se había hablado antes: el de la grasa visceral.

La grasa visceral es la que se deposita en el abdomen, alrededor de los órganos. Esta acumulación de tejido adiposo provoca una serie de trastornos que van más allá de un simple problema estético: altera el colesterol (sube el malo y baja el bueno) aumentan los triglicéridos, sube la tensión arterial y se ponen en marcha fenómenos que incrementan la coagulación y producen inflamación de los vasos sanguíneos.

El metabolismo de la glucosa también se altera ya que las células grasas segregan una hormona, la adinopectina, que facilita la acción de la insulina. Cuando se da acumulación de grasa visceral disminuye la producción de esta hormona, lo que podría explicar la tendencia al desarrollo de diabetes en las personas obesas.

De la cintura al corazón


A los que todavía no están convencidos de que esos michelines que tan poco gustan frente al espejo son también poco saludables, les interesará conocer los resultados de varios estudios que demuestran que la grasa acumulada dentro del abdomen es peligrosa, en especial para el corazón.

Entre los distintos trabajos presentados en la última reunión anual del Colegio Americano de Cardiología destaca por su importancia el estudio IDEA en el que participaron 63 países con un total de 168.159 pacientes. Los resultados corroboran que existe una fuerte relación entre el perímetro de la cintura y las enfermedades cardiovasculares, independientemente del peso.

Los cardiólogos son conscientes del tema y se han puesto manos a la obra: la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón han llevado a cabo campañas de divulgación con eslóganes como «Meter el corazón en cintura» o «De la cintura al corazón». Estas campañas intentan concienciar también a los propios médicos, ya que muchos controlan el peso y la tensión arterial de sus pacientes pero todavía pocos miden la cintura.

El espejo y la cinta de medir


Una cintura por encima de los valores normales aumenta de dos a cuatro veces el riesgo de padecer alguna enfermedad cardiovascular. El límite de la normalidad se sitúa en 102 centímetros en el caso de los hombres y en 88 centímetros para las mujeres de acuerdo con los índices de altura y de masa corporal estándares.

Pero si tenemos en cuenta que el problema no es solo tener mas grasa de la debida sino también el lugar en donde se deposita, es importante mirarse al espejo para saber como se distribuye. Dependiendo de las zonas donde se acumula el tejido adiposo, la figura puede adquirir la forma de una pera o de una manzana. La figura es de pera cuando la grasa se encuentra en caderas, glúteos y muslos; en cambio, parecerá una manzana si se acumula sobretodo en el área del abdomen.

La figura de manzana es la que comporta un mayor riesgo. Es más propia del hombre aunque las mujeres también la padecen. La obesidad en forma de pera, típica de la mujer, conlleva un menor riesgo aunque, en ningún caso debe descuidarse.

El perímetro de la cintura está aumentando en los últimos años. En concreto, en España, el 30% de los varones y el 37% de las mujeres tienen una cintura mayor de lo recomendable. Si tenemos en cuenta que el 14% de la población tiene sobrepeso, significa que hay muchos individuos que no están gordos pero que en cambio tienen barriga y, por lo tanto, mayor riesgo cardiovascular.

Qué es el riesgo cardiovascular


El riesgo cardiovascular es la probabilidad de padecer en el futuro una enfermedad del aparato circulatorio que puede acabar desembocando en infarto de miocardio o en accidente vascular cerebral en sus dos manifestaciones más extremas. Cada individuo tiene un riesgo concreto que depende de varios factores que cuando se suman, hacen que la posibilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas se multiplique de forma exponencial.

La edad es lo primero a tener en cuenta, ya que conforme envejecemos por fuera también lo hacen nuestras arterias. Por cada 16 años que pasan se triplica la posibilidad de padecer algún tipo de problema. Por su parte, el sexo también juega un papel: hombres y mujeres presentan riesgos somos distintos debido a que las hormonas femeninas tienen un efecto protector. Esta ventaja, no obstante, desaparece al llegar la menopausia.

Otros factores a tener en cuenta son el tabaco (los fumadores tienen mayor riesgo), la hipertensión y los niveles de colesterol. Y, por supuesto, la obesidad. A esta lista debe añadirse desde ahora el volumen de grasa visceral o, lo que es lo mismo, el exceso de barriga.

Fuente: Consumer.es

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lunes, julio 02, 2007

TIEMPO LIMITE: ATAQUE CEREBROVASCULAR

Domingo 01 de Julio de 2007 Viva Clarín 68


El ataque cerebrovascular es la segunda causa de muerte en el mundo. Se vincula con la hipertensión, la obesidad y el tabaquismo, pero puede darse en personas sanas.

La consulta inmediata ante los síntomas puede cambiar el pronóstico. "Tiempo es cerebro" Así definen los médicos dedicados a las neurociencias la importancia de una consulta inmediata cuando aparecen los síntomas de una enfermedad muy frecuente pero que pocos pueden reconocer: el ataque cerebrovascular. "Tiempo es cerebro", repiten, cuando precisan que en las primeras seis horas de producido el accidente cerebrovascular (ACV) se define el pronóstico del paciente afectado por una patología que es de alta mortalidad –dos de cada diez personas que sufren este tipo de lesión no sobreviven– o deja secuelas neurológicas importantes y muchas veces invalidantes.


"Tiempo es cerebro" significa que cada minuto que pasa se van muriendo neuronas.


La enfermedad cerebrovascular es la segunda causa de muerte en el mundo y se calcula que en nuestro país se producen alrededor de 100.000 nuevos episodios por año. Ataque, accidente o stroke (la denominación en inglés) son sinónimos de una afección que se desencadena por una alteración en la circulación sanguínea cerebral, ya sea porque una arteria se tapa y ocasiona un infarto cerebral (o isquemia) o se rompe y provoca una hemorragia.

Como consecuencia del bloqueo o rotura, el cerebro no recibe el aporte de oxígeno y las neuronas, después de un determinado tiempo, dejan de funcionar causando un daño cerebral. De estos dos grupos, el más frecuente es el infarto. Cada 100 pacientes que tienen un ACV, 80 son isquémicos y 20, hemorragias cerebrales.

Ante un fuerte dolor en el pecho, nadie dudaría en dirigirse a un cardiólogo o una guardia médica. Los síntomas del accidente cerebral también a veces son reconocidos por los pacientes, pero no como causa de un evento cerebral. "Si una persona tiene problemas para hablar o entender, si se le nubla la vista, se le duerme un brazo o mueve con dificultad las extremidades, puede estar sufriendo un ataque cerebrovascular.

La gente desconoce esto y probablemente se vaya a dormir en lugar de consultar en el acto", explica Raúl Rey, profesor en neurología de la UBA y jefe de Enfermedades Cerebrovasculares del Hospital Ramos Mejía.

Eso hizo Rubén Couyoupetrou (52). Asistía a un curso, y repentinamente se le cayó la birome de la mano. Cuando intentó levantarla, su brazo no le respondía. Fue al baño, se miró en el espejo y vio que su cara se desplazaba hacia un costado.

"Llegué a casa y le dije a mi mujer: `Me siento mal’. Y me acosté", rememora. Los síntomas estaban ahí a la mañana siguiente.

Decidió ir a una clínica, de la que regresó luego de 15 días de internación, con secuelas en la movilidad del brazo y trastornos en el habla. El estrés le había producido una suba de presión, origen del ataque cerebral. El movimiento del brazo lo recuperó rápidamente; la palabra, más despacio. "¿Me podés repetir?", era la frase que escuchaba a menudo. "Te sentís mal, sos consciente de lo que está pasando", recuerda. A diez años, ya restablecido, sigue haciendo los deberes: caminatas, medicación antihipertensiva y dieta equilibrada. "O abrís los ojos o te volvés a caer", sintetiza.

ENEMIGOS INTIMOS
Aunque puede presentarse en pacientes con buen estado de salud, el ACV suele ser el resultado de una enfermedad de años. La hipertensión arterial, el tabaquismo, el colesterol alto, la obesidad y la vida sedentaria son los factores de riesgo, que, al igual que en la enfermedad coronaria, predisponen a padecer un episodio. "Una persona hipertensa tiene 20 veces más posibilidades de sufrir un ACV, porque con el correr de los años, sus arterias se van estrechando y se tapan o se rompen", explica Raúl Rey.

Amelia Melfi (62) lamenta haber desoído las señales de alerta. Sentía al caminar un gran dolor en las piernas y no vigilaba su presión. Una mañana, al despertarse llamó a su perrita, pero notó que no articulaba bien las palabras. Intentó levantarse, pero había perdido fuerza. Logró alcanzar el teléfono y llamar a su hija.

"Cuando llegué al hospital, el lado izquierdo no me respondía", evoca. Los análisis revelaron que tenía presión alta, colesterol, diabetes y arterias tapadas. Fue hace un año. Amelia habla sin dificultad y –rehabilitación mediante–, está volviendo a caminar, aunque aún no puede mover el brazo.

Rubén y Amelia comparten un temor frecuente: que suceda un nuevo episodio. "Para prevenir un nuevo ataque, la persona tiene que hacer cambios en su estilo de vida", indica Rey. Si bien la enfermedad afecta más a quienes rondan la quinta o sexta década, por el estrés está apareciendo en personas más jóvenes.

MUCHO POR HACER
"Ante un ataque cerebral, la gente piensa que no hay nada que hacer, porque durante años hubo cierto nihilismo terapéutico instalado en los médicos. Hoy las posibilidades son muchas, tanto en el transcurso del ataque, después del evento o para prevenir otros episodios", precisa el neurocirujano Pedro Lylyk, director del Equipo de Neurocirugía Endovascular y Radiología Intervencionista (ENERI).

El profesional destaca la trascendencia de los avances tecnológicos que –desde los primeros tomógrafos hasta la resonancia magnética– hoy permiten saber con gran definición qué está pasando en el cerebro y cómo actuar velozmente. "Si hay un hematoma, evacuarlo, y si falta sangre, destapar esa arteria para que no se lesionen las neuronas", resume.

El Instituto Médico ENERI presentó en febrero el primer simulador virtual en intervenciones endovasculares. Son computadoras que imitan el cuerpo humano, preparadas con software de patologías determinadas, que se emplean para entrenar a médicos.

"Esta simulación se inicia el año pasado. Como la institución es un centro de entrenamiento para Latinoamérica, el simulador nos permite preparar a médicos en técnicas específicas. Es una réplica en escala real y sin riesgos para el paciente", especifica Lylyk.

Sin embargo, faltan en el país sistemas de evacuación, helicópteros y ambulancias preparadas con tomógrafos, y no hay suficientes unidades de stroke, lugares físicos de cuidados homologables a las unidades coronarias. En el ámbito público sólo existe una en el Hospital Ramos Mejía. "En otros hospitales hay grupos especializados de médicos, pero no poseen un área de internación diferenciada", dice Raúl Rey.

Para Pedro Lylyk, es preciso también contar con médicos capacitados para la emergencia: "Cuando se tapa una arteria, la presión sube. Es una reacción fisiológica que ayuda a que llegue sangre por una vía colateral y que el cerebro no se termine de infartar". Aclara que, en ese caso, la presión alta es la consecuencia, no la causa de lo que está sucediendo. "En la mayoría de las guardias, tratan de bajarle la presión al paciente y empeoran su situación", dice, y puntualiza que "cuanto más sepan los médicos, mejor le va a ir a la gente".

VERDAD–CONSECUENCIA
Luego de 7 años, Margarita Pareja (60) recuerda la mañana de enero cuando se levantó y se puso a leer el diario. "Algo no andaba bien –cuenta–. Las letras tenían como agua. Estaba mareada y con la sensación de estar en otro lugar."

Ya en el sanatorio, le detectaron un pico de presión alta, algo que su salud desconocía.Salió del lugar horas después, con medicación y la orden para una resonancia magnética. Una semana más tarde, escuchó del médico: "Usted tuvo un derrame cerebral". Con lágrimas en los ojos, Margarita alcanzó a decir: "Y ahora, ¿qué?". Con el tiempo, pudo recuperarse totalmente.

"Mi historia es un milagro", dice.

Hoy, controla su presión, camina y hace gimnasia. Dedica sus días a la pintura, a pasear con sus nietos y a disfrutar de los amigos y la familia. "Siempre fui hiperactiva, pero tuve que aprender a parar. Trato de ser sensata, quiero vivir", concluye.Margarita fue afortunada. Cinco de cada diez pacientes que sufren un ataque cerebral quedan con secuelas motoras como la hemiplejía –parálisis en una parte del cuerpo–, trastornos en el habla, en la comprensión o cognitivos, entre las más frecuentes.

Estas consecuencias dependen de la extensión de la lesión y de su localización. Si está ubicada en una parte importante del cerebro, pequeñas lesiones pueden producir importantes secuelas.Es probable que el paciente no retorne a su vida laboral, con el impacto económico –es una enfermedad que tiene un alto costo médico– y emocional que eso produce en el paciente, la familia y la sociedad.Razones de más para prevenir antes que curar.

Fuente: Revista Viva (Diario Clarín)

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miércoles, mayo 30, 2007

¿LOS HOMBRES SON MANZANAS?

Como veremos a continuación, en endocrinología, las manzanas y las peras se usan a menudo para caracterizar dos tipos concretos de obesidad.

Uno de los factores a tener en cuenta en el campo de la endocrinología, además del famoso Índice de Masa Corporal (IMC), para valorar el estado de nutrición y sus consecuencias futuras en la salud de la persona, es el Índice Cintura/Cadera (ICC) que es muy fácil de calcular y consiste en esto:

ICC:

Perímetro Cintura (cm.)
-------------------------------------
Perímetro Cadera (cm.)


Aquí una imagen para ver cómo tienen que medir cada perímetro.
El perímetro de la cintura se mide justo debajo de la última costilla y el de la cadera, a nivel de la zona más amplia más o menos por la zona de los glúteos.

Los valores obtenidos suelen seguir, en condiciones normales, un patrón característico en mujeres y hombres. Siendo los siguientes:

ICC para mujeres:
0´71-0´84


ICC para Hombres:
0´78-0´93


ICC Estándar para ambos sexos:
0´80


Lo que nos reflejan estos valores es que las mujeres tienen, por características propias de su condición sexual, un perímetro de caderas relativamente más grande que la de los hombres, que tienen un perímetro de cintura mayor y de cadera menor.

Lo que hace que el ICC normal varíe un poco teniendo en cuenta el sexo de la persona. Esta diferente distribución de grasa se debe principalmente a influencias hormonales y se hace evidente desde la pubertad donde comienzan a manifestarse las primeras diferenciaciones sexuales.

Al patrón de distribución femenina de grasa, se le llama “forma de pera” mientras que al patrón de distribución masculina de grasa, se le llama “forma de manzana”. Ya que en el primero la grasa se “concentra” más a nivel de las caderas mientras que en el primero se aloja más en la cintura dando unas formas que, con un poco de imaginación, nos recuerdan a esas frutas:

Aunque en las dos imágenes aparezca una mujer, lo más normal es que sean los hombres los que tengan la “forma de manzana” exceptuando los casos de obesidad, donde la mujer puede cambiar su forma de pera por la de manzana.

En condiciones normales, esta diferencia del ICC para hombres y para mujeres puede no ser muy evidente para pesos normales y bajos. Sin embargo, conforme se van ganando kilos, las diferencias se hacen muy notables y los lugares en donde se acumula principalmente la grasa, crecen aún más. Lo que en la jerga popular vendría a ser:

Hombres: Barriga cervecera y flotador—–>Obesidad Androide—-> Obesidad en forma de Manzana

Mujeres: Cartucheras—> Obesidad Ginecoide—> Obesidad en forma de Pera

A pesar de que ambos tipos de obesidad son dañinos, es mucho más peligroso para la salud la barriga cervecera y el flotador que las cartucheras. Es decir, una obesidad en forma de manzana supone un riesgo mucho mayor que la de forma de pera. Por mucho que estemos acostumbrados a la manzana como símbolo de salud, en estos casos, la realidad es muy diferente.

Teniendo en cuenta las complicaciones con las que viene ya asociada la obesidad, si esta viene en forma de manzana vendrá con un extra adicional de enfermedades que muchas veces son proporcionales al perímetro de la cintura y son:

-Enfermedad Cardiovascular:
-Hipertensión Arterial
-Dislipemias
-Infarto de Miocardio


-Diabetes Tipo II

-Apnea del Sueño

Por el contrario, la obesidad en forma de pera es mucho menos dañina y no se asocia a los problemas comentados antes con tanta frecuencia. Sin embargo, los obesos que tienen forma de pera terminan con el tiempo desarrollando una en forma de manzana, ya sea mujer u hombre.

Así pues, no sólo hay que tener en cuenta en una obesidad la cantidad de grasa existente, sino donde se sitúa principalmente. Teniendo en cuenta que los hombres tienden a engordar a nivel de la cintura y las mujeres a nivel de la cadera, son éstas últimas las que salen mejor paradas cuando se empiezan a ganar kilos de más. Pero todo tiene un límite, a partir de ciertos kilos la obesidad en pera se convierte en manzana y se añaden entonces los riesgos propios de ésta.

Así que, si es hombre y tiene más de 102 cm. de perímetro de cintura o es mujer y tiene más de 88 cm. sepa que a partir de esas cifras comienza a estar en riesgo.

Fuente: Adam.com

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miércoles, mayo 02, 2007

TABACO E HIPERTENSION

Las personas fumadoras tienden a salar más sus comidas por lo que son más propensas a desarrollar hipertensión arterial.


Las personas fumadoras, por lo general, tienden a añadir más sal a las comidas que las no fumadoras puesto que tienen alterado el sentido del gusto debido al tabaco. Si no corrigen a tiempo este hábito, tienen más riesgo de desarrollar hipertensión arterial a corto o medio plazo.


La mayoría de las comidas requiere una cantidad mínima de sal para que resulten apetecibles, lo cual no supone trastorno alguno para la salud, siempre y cuando la cantidad añadida de sal sea moderada. Sin embargo, muchas personas tienen la costumbre de dejar el salero sobre la mesa y echar más sal a los platos elaborados, y esto puede ser perjudicial para su salud si toman sal en exceso y de forma habitual. Y más si consumen habitualmente embutidos, conservas y precocinados, todos ellos alimentos ricos en sodio.


Las personas fumadoras tienen alterado el sentido del gusto por lo que no captan los sabores propios de los alimentos, y tienen la necesidad de añadir ingredientes salados o ácidos que penetran más fácilmente en el paladar. Si se añade mucha sal a las comidas, con el paso del tiempo el paladar se va adaptando a un nivel de sal cada vez más elevado. El consumo excesivo de sal puede provocar en el organismo de quienes fuman un mayor riesgo de hipertensión arterial. La hipertensión no es el único malestar que conlleva el exceso de sal en la dieta, también contribuye a retener líquidos, provoca agotamiento y calambres musculares, entre otros trastornos.


Prevenir la hipertensión a tiempo


Un hábito saludable es corregir a tiempo el consumo excesivo de sal y prevenir así el desarrollo de la hipertensión arterial. Si no se toman las medidas necesarias, una vez iniciada la enfermedad es más difícil normalizar los niveles de tensión. Para ello, el primer paso es reducir de forma paulatina la sal que se utiliza a la hora de cocinar y en la mesa, para ir disminuyendo poco a poco esa dependencia a los sabores salados. Retirar el salero de la mesa y no añadir más sal a los platos cocinados se convierte entonces en una buena costumbre.


Un truco muy práctico cuando se quiere reducir el consumo de sal y el paladar no está aún acostumbrado al sabor más natural de la comida, consiste en cocinar sin sal y añadir una pizca de sal cuando el plato ya está elaborado. De esta forma, se consigue que las papilas gustativas se estimulen rápidamente al contacto directo con la sal y que no se note tanto que la comida está cocinada sin ella. También se puede sustituir la sal común por sal marina que tiene un sabor más acentuado y permite emplear menor cantidad para sazonar las comidas.


Puesto que se reduce la cantidad de sal, puede ser útil potenciar el sabor de los platos empleando otros ingredientes que no perjudiquen a la salud. Una opción son los sabores ácidos; se puede añadir jugo de limón a los platos o cualquier tipo de vinagre ya que la oferta es cada vez más amplia. Otro recurso es emplear condimentos o hierbas aromáticas que aporten un sabor intenso a las comidas como el ajo, la cebolla, el orégano, el tomillo o el laurel. Los sabores picantes como la pimienta, las guindillas o la cayena -en su justa medida-, también son buenos sustitutos de la sal siempre que no haya contraindicación.


No obstante, la mejor forma para saborear plenamente las comidas es dejar de fumar. Cuando una persona fumadora habitual abandona el hábito, va notando cada vez más los sabores propios de los alimentos.


Fuente: Consumer.es

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martes, abril 17, 2007

¡ACABEMOS CON LAS BARRIGAS!

Conocer el perímetro de la cintura es esencial para conocer nuestro riesgo cardiovascular. En el caso de los hombres debe ser inferior a 102 centímetros y para las mujeres el límite está en los 88 cm.

¿Qué esperas para medir tu cintura?

Tener sobrepeso o estar obeso ya es en sí mismo un riesgo cardiovascular pero si esa obesidad se concentra en la parte media del cuerpo, el peligro es aún mayor. En los casos de obesidad abdominal se acumula tejido adiposo alrededor de algunos de los principales órganos del cuerpo. Esta grasa que acumulada alrededor del abdomen es especialmente peligrosa porque promueve alteraciones del colesterol total (baja el bueno y sube el malo), aumentan los triglicéridos, provoca resistencia a la insulina, aumenta el riesgo de padecer diabetes, sube la tensión arterial, provoca fenómenos pro-inflamatorios y pro-trombóticos. Así pues, la obesidad abdominal incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

En el marco de la XII Reunión Nacional de la Sociedad Española de Hipertensión y Liga Española contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA), celebrada recientemente en Sevilla, el Dr. Jean Pierre Després del Instituto de Cardiología del Hospital de Laval de Québec, presentó sus conclusiones alrededor de la relación entre adiposidad intra-abdominal y riesgo cardiometabólico. De este modo expuso la diferencia entre la grasa acumulada bajo la piel y la depositada internamente, denominada "grasa visceral".

Según el Dr. Després "el exceso de grasa visceral acumulada aumenta sustancialmente el riesgo de sufrir complicaciones cardiometabólicas". Y se entiende por riesgo cardiometabólico el riesgo global de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular y se determina mediante la presencia de factores de riesgo tradicionales, como aumento del nivel de colesterol LDL (colesterol malo), hipertensión arterial, diabetes tipo 2 y tabaquismo; así como por la determinación de una serie de nuevos marcadores relacionados con la resistencia a la insulina.

Además, este experto comentó que "detrás de unos niveles altos de glucosa en sangre, o estado hiperglicémico, existen una serie de disfunciones metabólicas asociadas presentes en los pacientes con sobrepeso u obesos con exceso de obesidad abdominal y comorbilidades asociadas".El Dr. Després consideró "la obesidad abdominal como una importante cuestión de salud pública y recomendó la medición del perímetro de cintura más que el cálculo del índice de masa corporal como herramienta fundamental en el diagnóstico del riesgo cardiometabólico". Dentro de la misma sesión el Profesor Luc Van Gaal, del departamento de endocrinología, metabolismo y nutrición clínica de Hospital Antwerp (Bélgica), centró su ponencia en la utilidad clínica de una nueva línea terapéutica basada en el bloqueo de los receptores denominados endocannabinoides CB1.

"Estos receptores se encuentran repartidos en distintos órganos (tejido adiposo, hígado, músculo, cerebro y tracto gastrointestinal) formando el sistema endocannabinoide y se ha demostrado que juegan un papel importante en los procesos metabólicos de nuestro organismo", comentó. El Dr. Van Gaal afirma que "recientes estudios han demostrado que el bloqueo de estos receptores, acompañado de cambios en el estilo de vida, disminuyen la grasa abdominal mejorando los factores de riesgo cardiometabólico asociados".

Los farmacéuticos nos medirán la cintura

En los últimos años, la obesidad se ha convertido en una epidemia responsable del aumento de los casos de diabetes y de enfermedad cardiovascular en nuestro país. A pesar de ello, la población general desconoce las posibles consecuencias del riesgo asociado a un tipo específico de obesidad: la obesidad abdominal.

Si bien el médico y el personal de enfermería son esenciales en la promoción de hábitos cardiosaludables y la prevención de estos riesgos, el consejo que el paciente recibe en las oficinas de farmacia debe encaminarse en el mismo sentido.

En esta línea, la Sociedad Española de Hipertensión y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) han firmado un acuerdo de colaboración que tiene como objetivo hacer hincapié, a través de las oficinas de farmacia, en la importancia de la prevención y el tratamiento de las personas que tienen un alto riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares, según anunció Dª Carmen Megía, representante del Consejo General del Colegio Oficial de Farmacéuticos durante su intervención en la 3ª Reunión de Farmacéuticos celebrada dentro de la XII Reunión Nacional de la SEH-LELHA.

Uno de los proyectos que se va a poner en funcionamiento en próximas fechas es un estudio piloto que, por primera vez en nuestro país, persigue sensibilizar al farmacéutico sobre el importante papel que debe tener en la detección de la obesidad abdominal. De este estudio se obtendrá información acerca del "número de personas que acude a las farmacias y padece esta enfermedad y, entre ellos, los que aún no lo han consultado con su médico por esta razón", destaco la doctora Carmen Suárez, vicepresidenta de la SEH-LELHA.Para ello, en próximas semanas los farmacéuticos medirán, durante una semana y de forma aleatoria, el perímetro abdominal a una amplia muestra de personas que acudan a las oficinas.

Al mismo tiempo, se realizará una encuesta muy sencilla con el fin de conocer si durante el último año han tenido alguna revisión médica encaminada a prevenir la enfermedad cardiovascular, así como a detectar la importancia que puede tener la zona del cuerpo donde se acumula la grasa.

Fuente: SaludTerra.es

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miércoles, abril 11, 2007

SECRETOS DEL BIENESTAR

Se puede envejecer manteniendo una buena salud? En la isla de Okinawa en Japón, se supera el récord mundial en longevidad, y sobre todo, se vive feliz, relajado y en forma.

¿Te gustaría conservar tu bienestar y tu vitalidad lo máximo posible? Te presentamos todos los secretos de los habitantes de Okinawa.

Descubre la forma de vida y las reglas de una alimentación sana de este pueblo excepcional.

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EL ARTE DE VIVIR ZEN

Otra forma de comer

En Okinawa, comer no sirve para colmar el apetito y las emociones, sino para conseguir energía y placer. Para cambiar nuestra relación afectiva con los alimentos, sigue los consejos de los habitantes de la isla japonesa:

- Un momento de relajación: Antes de la comida, relájate unos instantes para sentarte a la mesa con más tranquilidad.
- Una mesa agradable: Pon la mesa con arte, el placer de los ojos cuenta tanto como el del paladar.
- Tómate tu tiempo: Es mejor saborear lentamente pequeñas cantidades de comida que llenarse sin placer.
- Levántate de la mesa ligera y tónica: No te fuerces a la hora de comer, escucha tu organismo.
- Reparte los alimentos con juicio: Haz un desayuno y una comida completa, enriquecidos en proteínas. Cena ligero, sin proteínas animales ni alcohol, pero con azúcares lentos.
- Más energía con menos calorías: Para conseguirlo, haz más ejercicio físico con una respiración profunda, toma magnesio, vitamina B y ácidos grasos Omega 3.
- Se indulgente contigo misma.

Combatir el estrés

Mientras algunos dejamos que los problemas arruinen nuestra salud, los habitantes de Okinawa deben su alegría de vivir a unas buenas armas anti estrés como el consumo de magnesio, la visualización, diversos auto tratamientos, una respiración completa y la meditación.

La respiración completa
Con una respiración completa se observa una mejor combustión de calorías, un mejor rendimiento energético, la prevención de patologías ligadas a la edad, una mejor gestión del estrés y de las tensiones, y en definitiva una vida mejor. Se practica en cualquier posición, preferentemente en un lugar tranquilo y aireado. Consiste en inspirar y expirar por la nariz y en hinchar el abdomen y el pecho al máximo, expulsar un quinto del volumen y retener (al principio 10 segundos, con el entrenamiento hasta 30 segundos) y para terminar expirar a fondo. Volver a empezar y hacer una serie de 20 alternando respiraciones con y sin retención. Practícala al principio del día, antes de cada comida, en caso de estrés, tensión, cansancio, emociones fuertes, dolor…

La meditación
El objetivo es dejar de pensar. La meditación pemite centrarse en si mismo, en la naturaleza, y dejar de ser el juguete de nuestros pensamientos… Por la mañana, al levantarte o por la noche, antes de acostarte, elige un lugar tranquilo y sin ruidos. Enciende una vela y siéntate en el suelo. Concéntrate en tu respiración, en la circulación del aire, en la llama de la vela. Para comenzar a meditar, fija tu mirada en la vela situada a unos diez centímetros, a la altura de los ojos. Cuando te venga un pensamiento a la cabeza, observa la vela y deja que el pensamiento pase. No reacciones y saborea este momento de libertad.

Hacer ejercicio

La actividad física aumenta la masa muscular, estimula la secreción de la hormona del crecimiento, reduce la glicemia, mejora la distribución del oxigeno y de los nutrientes, mejora la respiración y el rendimiento energético, reduce los riesgos de sobrepeso, de diabetes, de enfermedades cardiovasculares, de osteoporosis y de ciertos cánceres, retarda el envejecimiento y atenúa el estrés.

Para empezar, aumenta diariamente tus movimientos: sube las escaleras en lugar de usar el ascensor, camina más, juega con los niños, haz más bricolaje, arregla el jardín…

Durante la semana, programa uno o varios paseos y aumenta su duración de forma progresiva, monta en bici, vete una o varias veces a la piscina, haz gimnasia...

Cada mes, prevé un fin de semana para caminar por el campo, hacer gimnasia, jugar al golf, al tenis, pasar un día en un parque acuático…

A lo largo del año, ofrécete al menos dos veces al año vacaciones activas: bicicleta, natación, golf, curas termales…

Compartir

¡Ábrete a los demás! Las relaciones afectivas son tan importantes como los alimentos. No te encierres en tu viejo círculo de amistades. ¡Sal y haz amigos! Participa en actividades diversas, inscríbete en una asociación cultural o deportiva, ayuda a los demás en una asociación humanitaria...

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UNA ALIMENTACIÓN SANA

Las bebidas

El agua
Opta por un agua mineral, con al menos 1000 mg de bicarbonatos, 300 mg de calcio, 80 mg de magnesio, menos de 500 mg de sodio, menos de 500 mg de sulfatos, menos de 5 mg de nitratos y menos de 3 mg de fluor por litro. La presencia de silicio también es importante. Ten siempre una pequeña botella de agua contigo. Utilízala también para las bebidas calientes y para la cocción de alimentos (pasta, arroz…)

El té
Bebe cada día al menos tres tazas de té verde repartiéndolas a lo largo de la jornada. En caso de hipersensibilidad a la teina, reemplázalas por infusiones.

El café
Limita su consumo a raras ocasiones, cuando necesites sentirte más dinámica, o para darte un placer. El café aporta más inconvenientes (reducción de la absorción, de vitaminas B, pérdidas urinarias en magnesio y calcio…) que ventajas (mejora de las crisis de asma o de las migrañas…)

El alcohol
Salvo contraindicaciones, una copa de vino tinto en la comida (por la noche reduce la « micro hibernación » de la noche) posee efectos protectores para la salud, pero siempre que no se realice un consumo cuantitativo superior y concentrado.

Los productos lácteos

A pesar de que tradicionalmente se recomiendan los productos lácteos, en realidad son poco recomendables. Es cierto que la leche de vaca es fuente de calcio, pero contiene demasiado fósforo, grasas saturadas y lactosa, que puede provocar problemas digestivos y de cataratas. Ciertos productos lácteos (queso, crema fresca, mantequilla) son de hecho muy calóricos.

Par obtener aportes cálcicos suficientes, reemplaza la leche por el agua mineral rica en calcio, leche de soja enriquecida, tofu, sardinas, almendras, nueces, higos, aceitunas, espinacas, puerros, brócolis, coles, hierbas aromáticas (albahaca, tomillo… )

El producto lácteo más recomendable es el yogur con bífidus y lactobacilus. Los quesos más adecuados son los más secos (manchego curado, parmesano, emmental, comté…)

Las grasas

En Okinawa no se utiliza ni mantequilla ni margarina, tan sólo aceites con pocos ácidos grasos saturados y Omega 6 que presentan inconvenientes para la salud, y sin embargo contienen buenos ácidos monoinsaturados.

La síntesis de los estudios realizados desde hace años, llega a la siguiente conclusión: más vale limitarse al aceite de oliva. Lo ideal es el aceite virgen, bio, en botella de vidrio o en un recipiente metálico, pero nunca en plástico. Si se consumen 2 cucharadas soperas de aceite y tres pescados grasos por semana se obtiene una cantidad óptima de Omega 3.

Los pescados y mariscos

Como en la mayoría de las islas, en Okinawa abundan los pescados y mariscos en detrimento de la carne. Tienen la ventaja de ser menos ricos en hierro, un potente prooxidante y proinflamatorio, en grasas saturadas y en colesterol. Por el contrario, contienen grasas de tipo Omega 3, magnesio, taurina y yodo, nutrientes que previenen contra ciertos problemas como la fatiga, el nerviosismo y el estrés.

Ya sea crudo, marinado, al vapor… tendríamos que consumir pescado al menos una vez al día, y tres tipos de pescados grasos a la semana (sardinas, arenques, anchoas, salmón, trucha de mar…) Si puede ser, lo mejor es que sean variedades salvajes. Resérvate el salmón ahumado para las grandes ocasiones porque al ahumarse se pierden ácidos grasos Omega 3. También son muy recomendables los mariscos y moluscos.

Las carnes

¡En Okinawa el porcentaje de carne consumida (cerdo y aves) no supera el 10% de las comidas! De hecho los habitantes de la isla comen sobre todo las patas y el hocico de cerdo, muy pobres en grasas y muy ricos en tejido conjuntivo, y preparan la carne de tal forma que hace fundir las grasas.

La carne contiene muchas grasas saturadas, lo que provoca sobrepeso, problemas cardio vasculares y ciertos cánceres. También aporta hierro en exceso. Si está demasiado cocida, desarrolla sustancias tóxicas. Sin embargo es indispensable para las mujeres embarazadas o que sufren de carencias de hierro, y para los niños.

¡Que no cunda el pánico si eres una auténtica carnívora! La carne y los huevos no están excluidos del programa Okinawa adaptado a occidente, se pueden consumir de una a tres veces por semana. Consume preferentemente carnes blancas, conejo y pato, que tienen la ventaja de contener menos hierro y grasas saturadas que las carnes rojas.

La soja

Okinawa es la región del mundo en la que más se consumen la soja y sus derivados. Es incluso una de las principales claves de la longevidad con buena salud. Es un alimento que contiene muchas ventajas: es rico en proteínas vegetales que pueden sustituir la proteínas animales, grasas protectoras y fitoestrógenos, hormonas que entre otras cosas, poseen la cualidad de ser potentes antioxidantes.

Aunque parezca complicado consumir tanta soja como en Okinawa, se recomienda ir aumentando progresivamente su introducción en la alimentación diaria. Empieza por reemplazar la leche de vaca por la leche de soja enriquecida en calcio no azucarado, los yogures por yogures de soja, la crema fresca por la crema de soja para cocinar… Puedes ir acostumbrándote a los productos a base de soja hasta conseguir consumir al menos una vez al día.

Los cereales

Como en toda Asia, en Okinawa domina el consumo de arroz con respecto a otros cereales. ¿Cuáles son sus ventajas? El arroz no contiene gluten, que provoca alergias o intolerancias en muchas personas. Lo ideal es que sea integral o basmati.

Consume cereales al menos dos veces al día. Ya sean cocidos, en copos, en sémola… y mejor si no contienen gluten. Las pastas y pasteles se pueden preparar con harinas que no contengan gluten (maíz, castaña, soja, arroz…) De forma general es preferible consumir cereales para cenar, con verduras. Son energéticos y favorecen la relajación y el sueño.

Las frutas y verduras

En Okinawa, los más ancianos tiene un excelente secreto: comen 5 verduras al día. Sus múltiples cualidades (son poco energéticas, ricas en vitaminas, minerales y fibras…) y sus beneficios para la salud son conocidos por todos. Introduce progresivamente verduras de 7 categorías: verdes, rojas, violetas, secas, crucíferas y de la familia allium (puerros, ajos, cebollas… ¿Te parece difícil? Tienes mucho donde elegir y las puedes preparar en ensaladas, sopas, zumos…

Las frutas son más caras en el archipiélago y por tanto son menos consumidas. Sin embargo son imprescindibles por sus numerosos efectos positivos en nuestro organismo. Al igual que las verduras, procura incluir al menos una fruta o una ensalada de frutas en cada comida y piensa en comer frutos secos o una pieza de fruta a media tarde o cuando tengas un poco de hambre. Elige sobre todo las más antioxidantes: ciruelas, uvas pasas, manzanas, kiwis, cítricos, albaricoques, mangos, frutas del bosque, fresas, frambuesas…

Las algas, especias y finas hierbas

Las algas, muy consumidas en Japón, son junto con los mariscos, los alimentos más ricos en yodo, indispensable para el equilibrio, sobre todo del tiroides. Utilízalas para enriquecer tus salsas, ensaladas, sopas y otros platos al menos una vez al día.

Las hierbas aromáticas y las especias se encuentran entre los alimentos más antioxidantes, sobre todo la cúrcuma, el jengibre y la galanga, que además es antiinflamatoria. No dudes en condimentar tus platos tanto dulces como salados con jengibre, cúrcuma, ajo, canela o ralladura de cítricos, excelentes antioxidantes.

Fuente: enFemenino.com

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miércoles, abril 04, 2007

¿GORDITO, IGUAL A SALUDABLE?



Entrevistamos a Lourdes Alcañiz, periodista especializada en salud y autora junto con la dietista pediátrica Claudia González, del libro Gordito no significa saludable (Ed Grijalbo). Con él pretenden erradicar la falsa creencia de que un niño gordito es sinónimo de un niño sano, que goza de buena salud. Al contrario, un niño con sobrepeso u obesidad tiene más posibilidades de convertirse en un adulto obeso, con todos los problemas de salud que eso conlleva.


¿En España estamos alcanzando las cifras de obesidad infantil Estados Unidos?

Las cifras de obesidad infantil en EE.UU son las más altas de todo el mundo con diferencia. Pero las cifras de España se parecen cada vez más. Incluso hay segmentos en los que los niños españoles son más obesos. En las franjas entre dos y cinco años y entre doce y catorce, hay más niños obesos en nuestro país que en Estados Unidos.

¿A qué se debe el aumento de la obesidad infantil en nuestro país?

Se han unido varios factores. Uno de ellos es la incorporación de la mujer española al mercado laboral. Esta incorporación ha sido rápida y la mujer ha unido sus habituales tareas en la cocina o en la compra a una actividad laboral que también le ocupa horas y horas. Ahora tiene poco tiempo para cocinar y suele recurrir más a comidas precocinadas, bollería industrial en el desayuno... Todo eso hace que los niños hoy ingieran más calorías.

También hoy los niños pasan demasiadas horas ante el televisor...

Sí, el nivel de ejercicio físico ha descendido. Mientras que antes los niños jugaban en los parques o corrían en la calle, hoy en día no es seguro que los niños estén jugando fuera. ¿Y donde están? En casa jugando con los videojuegos, frente al televisor...

¿Por qué un niño gordito no significa que sea más sano?

Es una creencia fuertemente arraigada en las familias. Se remonta a la guerra civil y a la postguerra. Pero hoy el problema es que, por este aumento de calorías y el descenso del ejercicio, un niño gordito tiene muchas posiblidades de seguir siéndolo en la edad adulta.

¿Cómo podemos evitar un exceso de peso en el niño?

La prevención empieza desde que un niño nace, porque si nace con un peso elevado es un niño que puede tener una tendencia a acumular más grasa. En muchas ocasiones se le dan cereales antes de tiempo, o en demasiada cantidad. Una serie de actuaciones que conducen a la obesidad. La mejor forma de saber si nuestro hijo tiene un peso correcto es consultarlo con el pediatra.

Si no atajamos pronto el problema, ¿qué ocurrirá?

Si entre los cinco y los siete años vemos que hay una tendencia al sobrepeso y si durante la adolescencia ese niño también presenta un problema de peso, es muy difícil que ese problema se corrija más adelante. Probablemente ahí tenemos ya un adulto obeso. Hoy en día si una madre ve que un niño tiene un problema de obesidad o que su peso está aumentando es tan importante que vaya al médico como si detectara una neumonía, una meningitis o un problema infeccioso grave, porque las consecuencias que va a tener a largo plazo son igual o más graves que las de una enfermedad infecciosa.

¿Qué consecuencias tiene este exceso de peso en la vida adulta?

Hay consecuencias tanto físicas como psíquicas. Las consecuencias físicas más comunes son diabetes tipo 2, colesterol elevado e hipertensión. Si se trata de una obesidad en un límite alto hablaríamos de problemas ortopédicos y/o menstruales.

¿Y en el ámbito psicológico?

Es un problema grave porque en la preadolescencia es cuando se está formando la valía interior del niño, su autoestima, su seguridad. Si un niño gordito está recibiendo burlas todos los días, esa persona no va a enfrentar el mundo con la misma seguridad que un niño que sí es aceptado por el grupo.

¿Qué aconseja a padres y madres?

La planificación es esencial y se puede conseguir por ejemplo, creando un menú semanal o quincenal equilibrado que nos permitirá poder comprar los productos con antelación, dejando para el último momento sólo los productos frescos. Del mismo modo, cuando se estén cocinando platos que requieran elaboración, en lugar de hacer las raciones justas para ese día se pueden hacer más y congelarlas en porciones separadas para los días que las necesitemos. Otra parte importante de esta planificación es el desayuno, importantísimo para la nutrición de los niños y para evitar la obesidad. Los niños que no desayunan y luego comen más adelante durante el día o cenan más presentan un comportamiento nutricional que está relacionado con ciertos índices de obesidad.

¿Cómo sería un desayuno saludable?

Unos lácteos que no tienen por qué ser necesariamente leche, puede ser yogur; unos cereales o producto del grupo de los cereales, puede ser una tostada de pan integral o bien cereales bajos en azúcar; fruta; y luego un poco de proteínas, un poquito de jamón de york, queso fresco, huevo. Este es un desayuno perfecto. Y si luego lo complementamos con un desayuno saludable que se lleven al colegio para tomar a media mañana (bocadillo y pieza de fruta, por ejemplo en lugar de bollería industrial) van a tener una alimentación perfectamente equilibrada durante la mañana que les va a permitir enfrentarse a la jornada escolar bien preparados.

¿Debemos invertir en educar sobre nutrición?

La alimentación saludable es un problema de educación. Igual que las madres cuando llega la etapa de los celos hacen acopio de paciencia porque se sabe que es transitorio, lo mismo ocurre cuando estamos enseñando a comer a un niño. Educar para comer bien es una labor educativa de toda la familia. Si en nuestra casa se lee y el niño está rodeado de libros, desarrollará el gusto por la lectura; y lo mismo debe suceder con la comida saludable y el ejercicio. Hay que predicar con el ejemplo.En el tema del ejercicio, mi opinión es que debemos ayudar toda la sociedad. Si bien decimos que los niños tienen que hacer más ejercicio, a la hora de la verdad es muy difícil de conseguir si los padres tenemos jornadas laborales que son incompatibles con otras actividades.

A veces encontrar el tiempo para hacer ejercicio en familia es difícil...

Teniendo en cuenta la magnitud que tiene el problema de la obesidad en España, las autoridades pertinentes deberían ayudar a las familias españolas a recoger a esos niños y llevarlos a actividades deportivas. Es cierto que algunos colegios las organizan, pero no siempre los padres pueden combinarse los horarios.No obstante, durante el fin de semana, las familias deben promover la práctica de actividades deportivas y una buena manera es promoviendo premios por las buenas acciones de los niños que consistan en actividades al aire libre como montar en bici, ir a la montaña... La recompensa debe ser algo saludable y no por ejemplo, como sucede mucho, una merienda a base de fast food.

Fuente: Salud.Terra.es


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jueves, marzo 15, 2007

NUEVO BOOM: SLOW GYM

De movimientos lentos y pausados, las nuevas modalidades de entrenamiento se practican con el cuerpo y con la mente. Son herederas de la eutonía, del stretching y del yoga; trabajan cada grupo muscular en profundidad, y prometen resultados espectaculares a nivel físico, energético y emocional. Mientras la vida cotidiana impone el culto a la velocidad y el vértigo de lo instantáneo, poco a poco crece la tendencia mundial que prioriza el movimiento slow: una filosofía que elogia la lentitud y se abre paso en lo que respecta a fitness.

La gimnasia lenta (o slow) es un boom que gana adeptos y se presenta en numerosas versiones que combinan diferentes disciplinas.“Hay una nueva corriente que se viene generando hace algunos años en Estados Unios y que está tomando más fuerza en Latinoamérica, que pretende detener el momento para hacerlo más profundo, más intenso y más consciente”, afirma Roxana Blanco, especialista en estrategia y marketing deportivo. Es que en tiempos en los que el stress es cotidiano y habitual, se multiplican las nuevas formas de encontrar el equilibrio y de bajarle los decibeles al ritmo urbano. Según datos de la revista especializada Mercado Fitness, actualmente el 70 por ciento de los gimnasios en Argentina ofrecen hoy a sus socios algún tipo de entrenamiento slow. Conjugar en la misma clase un ejercicio efectivo a nivel corporal, pero también intensivo en cuanto a sus efectos de relajación es la consigna para alcanzar una verdadera armonía entre cuerpo y mente.

Bienestar físico y calidad de vida

Entre las novedades está el método Perfect Shape, creado por la italiana Caterina Germani, con seguidores en buena parte del globo que buscan recrear y mantener la antigua amistad entre el hombre y su naturaleza. “Es un trabajo físico para modelar el cuerpo, mejorar la salud e incrementar la fuerza de voluntad, rico en consejos de enorme valor para el completo bienestar físico, mental y energético”, apunta Germani, en una entrevista con LUZ vía e-mail. El sistema permite reestructurar y tonificar la musculatura en poco tiempo, de manera consecutiva y respetando las reglas de la fisiología del movimientok pero sobre todos, sin utilizar aparatos.

Así, mientras la mayoría de los sistemas de entrenamiento utiliza pesas y maquinara para oponer resistencia al movimiento, en Perfect Shape ésta se ejerce con los músculos mismos. En cuanto a la respiración, el método trabaja con una inhalación lenta y constante, sobre todo en el momento en que se realiza la contracción.“Con esto la capacidad pulmonar aumenta y el nivel de la oxigenación de la sangre y de la musculatura es constante durante todo el entrenamiento”, agrega Germani.La experta sostiene, además, que la actividad física influye en la personalidad y este método hace foco en aprovechar las posibilidades para enriquecer el espíritu a través del cuerpo. “La salud física es un tónico para la mente así como la salud mental es un tónico para el cuerpo”, afirma.

Cuerpo y mente unidos en armonía

En la búsqueda de una técnica de ejercicio que combine alma y cuerpo surgió Body Balance, una actividad física que utiliza movimientos de yoga, tai ch, Pilates y otras disciplinas, completamente integrados con técnicas nuevas y dinámicas.

“Perfect
Shape, Body Balance, Iron Yoga, Probod X, Aero Sculpting and Yoga
y Body Mind no sólo proponen un trabajo físico más
intenso y consciente, sino que tienden a bajarle los decibeles al ritmo urbano”.

Para Gabriela Retamar, en este programa la clave es la sinergia que se alcanza entre la motivación proporcionada por la sincronización de los
movimientos y la música. “Las rutinas están diseñadas para generar armonía entre la respiración y los ejercicios, y así alcanzar relax y auto-control. Con la práctica regular, se pueden mejorar las capacidades físicas de flexibilidad y equilibrio”. Las clases de Body Balance están presentes en sesenta países y en más de diez mil centros alrededor del planeta. El formato es universal y consiste en once temas musicals o tracks, cada uno con un objetivo diferente para entrenar todo el cuerpo de manera simple y efectiva. La entrada en calor utiliza varias secuencias con movimientos de tai chi, y el yoga se hace presente con saludos al sol y fortalecimientos de piernas.

Hacia el final de la clase, los ejercicios de flexibilidad dirigen al grupo hacia la relajación y la meditación.“El objetivo de las diversas rutinas es mejorar el bienestar general, reducir el stress, aliviar el dolor, rendir mejor en la vida diaria y optimizar la energía”, agrega Retamar.Pero esta práctica representa también un verdadero estímulo de las capacidades físicas en relación a la postura, la fuerza y la conciencia corporal. “Las clases son muy intensas, exigen equilibrio y fuerza de sostén, tonifican la musculatura y demandan un gasto energético enorme”, asegura Retamar.

Mix inteligente

Armonía, silencio y movimientos slow también reinan en las nuevastécnicas de entrenamiento que trajo de Estados Unidos el fitness trainer Daniel Tangona. “Al principio me miraban extrañados, pero ahora son actividades que cosechan cientos de adeptos. Se trabaja con movimientos controlados, estiramientos y posturas que luchan contra la ley de gravedad”, afirma Tangona. Una de sus propuestas es el Iron Yoga, que utiliza los movimientos básicos de esta disciplina ancestral, pero con cargas que van de los 500 gramos a 2 kilos (en tobillos y muñecas), para optimizar tiempos de actividad y obtener resultados más efectivos. Se trabaja elongación, fuerza y flexibilidad.

Probod X
es otro nuevo método by Tangona; se trabaja con pelotas -una grande y dos chiquitas para cada mano- de distintos pesos, de acuerdo a una tabla de equilibrio y a la preparación del alumno. “Se pueden realizar infinidad de ejercicios que mejoran la estabilidad, la fuerza y la postura, favorecen la elongación y optimizan la calidad de los movimientos”, firma el experto. Además, Tangona suma adeptos con Aero Sculptin and Yoga, que incluye ejercicio aeróbico durante media hora y ejercicios para localizar el trabajo muscular, finalizando con estiramientos y posturas de yoga. Las clases son perfectas para gente sin tiempo porque son integrales, trabajan todos los grupos musculares y contempla un buen relax para mente y cuerpo.


Una nueva forma de entrenar

El método Body Mind también se perfila como una nueva rama del fitness y una alternativa a la actividad física tradicional. La profesora Roxana Blanco impulsa el sistema y afirma en diálogo con LUZ que apunta a un trabajo corporal consciente con fines ciento por ciento terapéuticos.

Experiencia Creativa
y Anti Stress

Los instructores de la gimnasia slow coinciden en que este tipo de entrenamiento físico tiene una amplia aceptación en personas que trabajan a partir de su intelecto y su creatividad.
La experiencia demuestra que estas disciplinas también son altamente productivas en profesionales que se desempeñan bajo un alto nivel de presión y concentración: en
estas actividades encuentran un soporte ideal que les permite entrenar y, al mismo tiempo, agudizar los sentidos y despejar la mente.

El Body Mind toma elementos de la cultura oriental, el yoga y el tai chi, la meditación y la flexibilidad, y explora la relación entre la mente, el cuerpo, el movimiento y el contacto. El concepto fue desarrollado por la kinesióloga y bailarina Bonnie Bainbridge Cohen, quien aseguraba que tanto la anatomía como la psicología y la integridad psicofísica se funden para comprender cómo la mente se expresa a través del cuerpo.“Se trabaja con la fuerza usando, el peso de nuestro propio cuerpo, con ejercicios de estiramiento y elongación; todo combinado con un buen uso de la respiración que permite alcanzar una mayor flexibilidad”, apunta Blanco.Se utilizan elementos auxiliares, como bandas elásticas y pelotas de distintos tamaños. Los jercicios permiten trabajar cada parte del cuerpo a fondo y evitan el agotamiento extremo. Para alcanzar el máximo nivel de concentración, las clases se acompañan con música celta e instrumental que propicia la relajación.-

Autor: Bettina Fallik
Fuente: Revista Luz

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jueves, febrero 01, 2007

OMEGA-3, SALUD CARDIOVASCULAR

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3, esenciales para el corazón

- Un estudio en pacientes infartados que consumieron 850 mg diarios de omega-3 demostró una reducción de muerte por causa cardiovascular del 30% y un 44% de muerte súbita cardiaca.

- Los omega-3 pueden prevenir las arritmias y la muerte súbita, siempre que se consuman en el marco de una dieta mediterránea.

- La ingesta de 3 a 4 g diarios de omega-3 en pacientes con hipertriglicemia reduce casi a la mitad las concentraciones de triglicéridos en sangre.

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3, que se encuentran principalmente en el pescado azul, algunos vegetales y alimentos enriquecidos, son esenciales para la prevención cardiovascular. Diversos estudios epidemiológicos demuestran que su consumo habitual puede llegar a reducir el riesgo cardiovascular en un 30%, puesto que previene la aparición de arritmias, mejora el perfil lipídico y reduce la presión arterial.

Las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de muerte y de enfermedad de nuestro país. Se calcula además que la incidencia de esta patología podría incrementarse hasta un 20% en los próximos 20 años, por lo que la prevención cardiovascular se presenta como el gran desafío de los especialistas. “Tan sólo con seguir una dieta mediterránea con alto contenido en omega-3 se podría reducir hasta un 70% la incidencia de la enfermedad cardiovascular, pero en España lejos de seguir estos hábitos dietéticos tan sanos, cada vez nos alejamos más”, explica el Dr. Pedro Mata, Jefe Clínico de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz y coautor del Libro Blanco de los Omega 3. Entre los malos hábitos que se detectan en la alimentación actual, el doctor comenta que “ en los últimos años se ha visto un aumento del consumo de grasas saturadas y una disminución de consumo de grasas insaturadas, cuando se sabe que las primeras aumentan el riesgo cardiovascular y las segundas lo reducen”. Desde que en 1980 se estableció la primera relación entre la grasa de la dieta y la enfermedad cardiovascular son muchos los estudios epidemiológicos que demuestran que un consumo habitual de pescado se asocia a una clara disminución del riesgo cardiovascular. En poblaciones de alto riesgo, el consumo de 40-60 g diarios de pescado se asocia con una reducción del riesgo del 30%, según se recoge en el libro recientemente publicado por el Instituto Omega 3 de la Fundación Puleva.

Para el Dr. Mata lo más importante que a nivel científico recoge el Libro Blanco de los Omega 3 es el efecto de los omega-3 en la disminución de las arritmias, puesto que cerca de la mitad de las muertes de causa coronaria son consecuencia de las mismas. La arritmia es un trastorno del ritmo cardíaco que a veces conduce a muerte súbita, y “es ahí precisamente donde actúan fundamentalmente los omega-3, puesto que tienen capacidad de estabilizar eléctricamente la contracción del miocito cardíaco”, explica el Dr. Mata.

Efectos saludables de los ácidos grasos insaturados

Perfil lipídico favorable
Reducción en la oxidación de las LDL
Menor activación de las células mononucleares y de la pared vascular
Reducción de la presión arterial
Aumento de la vasodilatación arterial
Disminución de la trombosis
Mejoría del metabolismo de la glucosa en la diabetes
Prevención de la arritmia y muerte súbita

Aumento de la esperanza de vida de los infartados

Aunque se calcula que la mitad de los infartados muere a los diez años de sufrir el infarto, el consumo de omega 3 aumenta la esperanza de vida para estas personas. Según el estudio de prevención GISSI que recoge el Instituto Omega 3 en esta publicación, un grupo de pacientes infartados que recibieron 850 mg al día de ácidos grasos omega-3 junto con una dieta tipo mediterránea registró un 21% de reducción en la mortalidad total, un 30% en la mortalidad de causa cardiovascular y una reducción del 44% en el riesgo de muerte súbita cardíaca. “ Los omega-3 actúan a través de una modificación de los mecanismos relacionados con la disfunción endotelial, inflamación, trombosis y la aterosclerosis”, explica el Dr. Mata. Así pues se puede concluir que los omega-3 tienen un efecto antitrombótico, antiinflamatorio y vasodilatador.

El consumo de omega-3 disminuye la presión arterial y la trigliceridemia

La hipertensión arterial es un importante factor de riesgo en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular, y en este sentido, la dieta es un factor determinante. “ Una dieta rica en grasa saturada favorece la elevación de la presión arterial mientras que las grasas insaturadas tienen un efecto contrario”, comenta el Dr. Mata. Según el estudio publicado por el Instituto Omega 3 de la Fundación Puleva, “ el concepto más evidente es que un aumento en el consumo de ácidos grasos omega-3 produce una reducción en la presión arterial sistólica y diastólica, tanto en sujetos normo como hipertensos”.

Además, se ha demostrado que el consumo de dosis altas de omega-3 previene el aumento de la tensión arterial y de la resistencia vascular observada en pacientes transplantados de corazón. Además de reducir la presión arterial, el consumo de omega-3 disminuye el colesterol LDL (colesterol “malo”), aumenta el HDL (colesterol “bueno”) y sobre todo reduce la trigliceridemia. Según se desprende del Libro Blanco de los Omega 3, “ el efecto más llamativo de los ácidos grasos omega-3 sobre la composición lipoproteica es el descenso de los niveles plasmáticos de triglicéridos”, destaca el Dr. Mata. “ En pacientes con hipertrigliceremia, se ha evidenciado que con dosis de 3 a 4 g día de ácidos grasos omega-3 se consigue una reducción del 45% en las concentraciones de triglicéridos”.

Los especialistas recomiendan cambios en nuestra dieta

La dieta occidental, que es la que básicamente se sigue en España en detrimento de la dieta mediterránea, presenta un desequilibrio en la calidad de la grasa. “ Tiene un exceso de grasa saturada debido al elevado consumo de carnes, embutidos, bollería industrial, platos precocinados y lácteos enteros” explica el doctor. Los objetivos nutricionales recomendados para la población española consideran que el aporte de grasa total puede variar de un 30 a un 35% de las calorías totales si el aporte graso procede fundamentalmente del aceite de oliva virgen, representando el consumo de grasa monoinsaturada de un 15 a un 20% de las calorías totales. El consumo de grasas saturadas no debe superar el 10%.

El papel de los omega-3 en los procesos inflamatorios

- Los omega-3 contribuyen a evitar la inflamación de los pulmones derivada de la aspiración del humo del tabaco y de los agentes externos.

- El consumo de ácidos grasos omega-3 y de ácido oleico contribuye a reducir la sintomatología de diversas enfermedades inflamatorias que afectan al 1-5% de la población.

- Las personas afectadas por psoriasis pueden mejorar sus lesiones cutáneas ingiriendo alimentos que contengan ácidos grasos omega-3.

Diversas investigaciones científicas han descubierto como los ácidos grasos omega-3 actúan de forma positiva en personas fumadoras y asmáticas, y contribuyen a mejorar la función pulmonar. Además, los omega-3 poseen efectos beneficiosos en personas con enfermedades inflamatorias como la enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad de Crohn, artritis reumatoide y neumonía bacteriana y viral.

Las conclusiones de los diversos estudios recogidas en el Libro Blanco de los Omega 3 determinan como el consumo de ácidos grasos omega-3 desempeña también un papel fundamental en la función pulmonar de las personas sanas, así como en el envejecimiento de los pulmones y en numerosas enfermedades inflamatorias del pulmón.

El Profesor Ángel Gil, coordinador del libro del Instituto Omega 3 de la Fundación Puleva y Catedrático de Bioquímica de la Universidad de Granada, explica que “ en el pulmón tienen lugar procesos inflamatorios continuamente. La aspiración de humo de tabaco y de la combustión, supone un estímulo inflamatorio constante para los pulmones. Además, en enfermedades como el asma y la bronquitis existe un estado de inflamación crónica, incluso en ausencia de estímulos externos”.

Fuente: NutricionSana.com

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jueves, enero 11, 2007

10 RUTAS A LA OBESIDAD

Una nueva hipótesis

Por Alison Motluk (de New Scientist)

LONDRES.– Pregúntele a cualquiera por qué la obesidad se ha convertido en una epidemia y le contestará que todo se reduce a que se come demasiado y se quema poco. Esto es indudablemente cierto. La mayoría de nosotros tiene que hacer un esfuerzo para no engordar.

Esta explicación coincide con el sentido común y hasta ahora guió los esfuerzos para llegar a la raíz de la epidemia de obesidad y revertirla. Sin embargo, actualmente muchos creen que algo más debe de haber cambiado en nuestro ambiente para precipitar un crecimiento tan dramático de la obesidad en los últimos 40 años.

Un artículo firmado por 20 expertos en el tema, que se publicó en el International Journal of Obesity, avanza sobre las 10 alternativas más plausibles para explicar este fenómeno, ya que el hecho de estar rodeados por un ambiente obesogénico –con comidas altas en grasas que abundan y se consiguen a bajo precio, y múltiples ocasiones para permanecer inmóviles- no pueden explicar cabalmente este fenómeno internacional. Estas son las hipótesis que se barajan.

1. Dormimos poco

Aquellos que duermen menos de siete horas por noche suelen tener una masa corporal (BMI, según sus siglas en inglés) superior a la de la gente que duerme más, según la información recopilada por la Encuesta Nacional Estadounidense de Salud y Nutrición. De manera similar, el Estudio de las Enfermeras, que siguió a 68.000 mujeres norteamericanas durante 16 años, encontró que las que dormían en promedio cinco horas por noche ganaron más peso que aquellas que dormían seis, que a su vez subieron más de peso que aquellas que dormían siete. Dos estudios recientes, uno en Canadá y el otro en Alemania, muestran que la duración del sueño y el peso están relacionados también en los niños.

La falta de sueño alteraría el metabolismo. La leptina, hormona encargada de indicar la saciedad, cae, mientras que la grelina, que estimula el hambre, sube. En hombres a los que se les permitió dormir sólo 4 horas por noche durante dos días consecutivos, los niveles de leptina cayeron un 18 por ciento, mientras que los de grelina aumentaron un 28 por ciento. Los voluntarios dijeron, además, que se sentían muy hambrientos.

2. El control del clima

Los humanos, como todos los animales de sangre caliente, podemos mantener nuestra temperatura corporal bastante constante. Mantenerse caliente o continuar fresco implica un gasto de energía a menos que nos encontremos en una “zona termoneutral” -alrededor de 27 grados centígrados para un cuerpo desnudo-, que es la temperatura a la que cada vez más elegimos vivir y trabajar.

¿Puede ser que el aire acondicionado y la calefacción hagan una diferencia en nuestro peso? Lamentablemente, existe evidencia de que sí. Distintos estudios muestran que a temperaturas agradables usamos menos energía. En un estudio de mujeres expuestas a 27 °C versus 22 °C, la diferencia fue de alrededor de un megajoule (239 kilocalorías) por día. Es la cantidad de energía correspondiente a 27 gramos de grasa corporal.

3. Fumamos menos

Malas noticias: los fumadores tienden a ser más delgados que el resto de nosotros. Dejar de fumar nos hace subir de peso, a pesar de que nadie está seguro del porqué. Probablemente tenga algo que ver con el hecho de que la nicotina es un supresor del apetito y parece aumentar nuestro índice metabólico. De acuerdo con la información recabada por la Encuesta Nacional Estadounidense de Salud y Nutrición en 1991, las personas que habían dejado de fumar en la década precedente tendían a tener más sobrepeso que aquellos que fumaban o que no habían fumado nunca. Entre los hombres, por ejemplo, cerca de la mitad de los que habían dejado de fumar tenían sobrepeso, en comparación con un 37 por ciento de los no fumadores y sólo un 28 por ciento de los fumadores.

Esto no significa que el dejar de fumar sea una amenaza contra la salud pública, para nada. El cigarrillo es tan peligroso que habría que subir 45 kilos para justificar el hecho de continuar fumando.

4. Factores prenatales

Las posibilidades de convertirnos en gordos pueden decidirse en gran parte antes siquiera de que hayamos nacido. Los hijos de madres obesas -especialmente los de aquellas que desarrollan diabetes gestacional- tienen muchas más posibilidades de convertirse ellos mismos en obesos. Mientras esto puede tener que ver más que nada con una cuestión genética, también existe evidencia de que existe cierta “programación intrauterina”. Los vástagos de ratones alimentados con una dieta alta en grasas durante el embarazo tienen muchas más probabilidades de volverse gordos que los de ratones idénticos, pero alimentados con una dieta normal. Extrañamente, este efecto persiste por dos o tres generaciones. Los nietos de los ratones alimentados con una dieta alta en grasas se vuelven gordos incluso si su propia madre es alimentada normalmente.

En el otro extremo del espectro, sabemos por estudios hechos en personas nacidas durante la hambruna en los Países Bajos a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, que las restricciones de energía en el vientre materno pueden llevar a la obesidad con el correr de los años.

5. Gordo = fecundo

La gente más pesada tiene más niños. Un estudio realizado por Lee Ellis en la Universidad Estatal Minot, Dakota del Norte, encontró una “pequeña pero muy significativa relación” entre el BMI y los niveles reproductivos. Las mujeres con un peso normal o menor tienen en promedio 3,2 hijos, mientras que aquellas con sobrepeso o directamente obesas tienen en promedio 3,5 hijos.

Tener muchos hijos aumenta las oportunidades de aumentar de peso, si no por otra razón, por lo menos a causa de la falta de sueño (ver arriba). Pero Ellis también demostró que el BMI de las personas antes de volverse progenitores está asociado con el número de hijos que eventualmente tienen.

6. Un poco mayor

Algunos grupos de personas simplemente son más gordos que otros. Encuestas realizadas por el Centro Nacional Estadounidense para las Estadísticas de Salud encontraron que era alrededor de tres veces más probable que los adultos de entre 40 y 79 años fueran más gordos que la gente más joven. Las mujeres que no son blancas también tienden a ubicarse en el costado más redondo del espectro: las mexicano-americanas tienen un 30 por ciento más de posibilidades que las blancas de ser obesas, y las negras corren el doble de riesgo.

7. Más drogas

Actualmente, millones de personas toman neurolépticos. Más allá de su indudable éxito para tratar la psicosis, tienen una desventaja: los usuarios en general aumentan cuatro kilos en las primeras 10 semanas, y otros cuatro o cinco en el año siguiente.

Los neurolépticos no son la única clase de droga que hace engordar: los anticonvulsivos para tratar la epilepsia, los antihipertensivos para la presión sanguínea alta, los inhibidores de la proteasa para tratar el sida y la medicación de la diabetes, incluida la insulina, todos están asociados con un aumento de peso. Los bloqueadores beta hacen que la gente que los usa aumente en promedio 1,2 kg, y al tomar píldoras anticonceptivas durante más de dos años se aumentan unos cinco kilos. Aunque comunes, incluso los antihistamínicos de venta libre pueden hacer engordar.

8. La contaminación

Cotidianamente estamos expuestos a miles de químicos industriales: pesticidas, lavandinas, saborizantes, perfumes, plásticos, resinas y solventes, para nombrar sólo unos pocos. Los tragamos, inhalamos y absorbemos a través de nuestra piel. Existe alguna evidencia de que bajos niveles de algunos de estos químicos pueden conducir a un aumento de peso. Los ratones a los que se les dan pequeñas cantidades del pesticida dieldrina, por ejemplo, redoblan con creces su grasa corporal. La hexaclorobenzina, otro pesticida, hace que las ratas engorden de manera significativa aunque coman menos.Estudios en humanos expuestos al PCB por comer peces de los grandes lagos de América del Norte encontraron conexiones similares: cuanto más tóxica la carga, mayor el peso corporal.

Algunos de estos químicos interfieren en el funcionamiento de hormonas como el estrógeno. Numerosos estudios en animales y en humanos sugieren que cuando los estrógenos no funcionan correctamente, aumenta la adiposidad. Y nuestra exposición a estos químicos está aumentando: un estudio sueco encontró que la concentración de PBDE (éter difenílico polibromado, un retardante de ignición actualmente prohibido) en la leche materna se duplicó cada cinco años entre 1972 y 1998.

9. Madres maduras

Una madre más añosa parece ser un factor de riesgo independiente respecto de la obesidad. Los resultados de un estudio de crecimiento y salud realizado por el Instituto Nacional Estadounidense del Corazón, los Pulmones y la Sangre muestra que las posibilidades de un niño de volverse obeso aumentan alrededor de un 14 por ciento cada 5 años extra en la edad de su madre, a pesar de que no se sabe porqué.

Michael Symonds de la Universidad de Nottingham, Reino Unido, descubrió que los corderos que nacían de ovejas ancianas acumulaban más tejido adiposo en el primer año de vida. Symonds también descubrió que los primogénitos tienen más grasa corporal que sus hermanos más pequeños. En los Estados Unidos, en 1976, 9,6 por ciento de las mujeres de aproximadamente 40 años habían tenido sólo un hijo; en 2004 eran el 17,4 por ciento las que se encontraban en esa situación. Esta combinación de madres añosas y mayor cantidad de hijos únicos puede estar contribuyendo a la epidemia de la obesidad.

10. Me gustas tú

De la misma manera en que la gente se junta de acuerdo con su aspecto, también lo hace de acuerdo con su tamaño. En un estudio de 1341 familias canadienses publicado en 1999, Peter Katzmarzyk, de la Universidad York, en Toronto, descubrió que existe una pequeña pero significativa relación entre marido y mujer respecto tanto del BMI como de la medida de los pliegues cutáneos que no puede ser atribuida al hecho de que viven juntos.

Por sí mismo, casarse con alguien de estructura corpórea similar no puede considerarse la causa del aumento de la obesidad. Pero combinado con otras cosas -particularmente con el hecho de que la obesidad es en parte genética, y que la gente más pesada tiene más niños- amplifica el aumento de la obesidad debido a otras causas.

Fuente: Diario La Nación

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viernes, noviembre 17, 2006

RIESGOS DEL SOBREPESO

Sobrepeso: la gente desconoce algunos factores que traen riesgo.
No se sabe que el colesterol alto y la hipertensión pueden ser peligrosos.




Muchos argentinos asocian el sobrepeso y la obesidad con el aumento del riesgo de padecer enfermedades crónicas. Pero no saben que el colesterol alto y la hipertensión son factores peligrosos. Además, pocos reciben la atención adecuada. Por ejemplo, la mayoría de los médicos clínicos no miden la cintura a sus pacientes, una medida corporal, que en combinación con otros índices —como el que mide el colesterol, los triglicéridos o a la presión sanguínea—, ayuda a identificar qué tan cerca o lejos se está de una salud óptima.


Apenas una de cada 4 personas con un índice de masa corporal (IMC) de entre 27 y 29 (cerca del límite de la obesidad) creen que están poco o nada excedidos de peso. Pero los médicos dicen que hay que tener un IMC de entre 18 y 25 para estar saludable (el IMC se obtiene dividiendo el peso de la persona por su estatura al cuadrado).


De acuerdo con el Instituto Argentino de Alimentos y Nutrición (IAAN), que dirige Alberto Cormillot, diversos estudios epidemiológicos proyectan que el 60% de la población de la Argentina podría sufrir de sobrepeso u obesidad. Lo que transformaría a este tema en un factor grave para la salud de la población y en un problema serio a resolver por la salud pública.


Es que la obesidad es la segunda causa de muerte que puede prevenirse en los países en desarrollo y desarrollados. Y, además, está asociada con males crónicos.


Esto es lo que también muestra la encuesta realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) a 300 personas con sobrepeso u obesas (mitad hombres y mitad mujeres) de Capital Federal y Gran Buenos Aires. El estudio fue encargado por el IAAN, y se entrevistó a personas mayores de 35 años con un IMC superior a 27.


Resultados muy similares surgieron de una encuestada realizada en ALCO a 740 casos de Capital y GBA.


Mientras en la vida real, el riesgo de sufrir de hipertensión, artrosis, diabetes, apneas (pausas largas en la respiración) e incluso, en mucha menor medida, algunos tipos de cáncer, está estrechamente ligado a la obesidad, la gente no lo sabe. Así, ni el 92,3% de los encuestados por el CEOP asocia la hipertensión como un factor de riesgo de la obesidad. Ni el 95,7% relaciona el colesterol alto con el exceso de peso.


La misma entrevista reveló que sólo al 22% de los encuestados le habían medido el abdomen (diámetro que se ubica entre la última costilla y el hueso de la cadera). Esa medición indica, con bastante precisión, la cercanía o no, con otros riesgos. “Si el abdomen de una mujer sobrepasa los 90 centímetros y el de un hombre, los 100, la persona tiene más riesgos de sufrir factores de riesgo cardiovasculares“, dice Cormillot.


La encuesta de CEOP surge cuando un extenso movimiento de médicos y legisladores bregan porque la obesidad sea considerada por ley una enfermedad, de modo que cualquier persona obesa pueda recibir un tratamiento gratuito a través de la obra social o de la medicina prepaga.


Fuente: Clarin.com

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domingo, septiembre 10, 2006

OBESIDAD, UNA PLAGA?

Niños con obesidadExpertos en salud advirtieron que la obesidad se ha convertido en la causa principal de enfermedades crónicas en el mundo entero. Investigadores y académicos reunidos en el mayor foro internacional sobre la obesidad y el sobrepeso, que se lleva a cabo en Sydney, Australia, afirmaron que este problema afecta tanto a los países en desarrollo como a muchas de las naciones ricas de Occidente.

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“La obesidad es una plaga internacional”, dijo en el discurso inaugural el académico Paul Zimmet, presidente del encuentro que congregó a más de 2.500 expertos de todo el mundo. “Es una amenaza tan importante como el calentamiento global o la gripe aviar”, agregó.
Otros investigadores señalaron que el costo del tratamiento de las enfermedades relacionadas con el sobrepeso es enorme, superando los miles de millones de dólares, en países como Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos.Niños obesosUno de los problemas más graves, señalaron los científicos, es el incremento de los índices de obesidad en los niños.

La obesidad es una plaga internacional. Es una amenaza tan importante como el calentamiento global o la gripe aviar

Paul Zimmet, presidente del Foro

Según la catedrática Kate Steinbeck, experta en salud infantil del Hospital Real Príncipe Alfredo en Sydney, los niños de esta generación serán los primeros en la historia en morir antes que sus padres, por enfermedades derivadas del exceso de peso.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, mil millones de adultos padecen de sobrepeso y 300 millones de ellos son clínicamente obesos. Esto significa que corren mayores riesgos de sufrir diabetes, enfermedades coronarias, presión arterial alta, ataques cardíacos y algunas formas de cáncer.

Los científicos afirmaron que no basta con efectuar cambios en la dieta para resolver el problema y que es necesario repensar completamente las políticas nacionales en diversas áreas, desde el planeamiento urbano hasta la agricultura, la educación y el transporte.

Fuente: BBC Mundo

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viernes, abril 14, 2006

CUESTION DE CINTURA

Se define por la acumulación de grasa abdominal y otros factores de riesgo cardiovascular. Lo llaman síndrome metabólico, y lo sufre uno de cada cuatro adultos. Bajar de peso, moverse y llevar una dieta equilibrada son los pilares para desactivar esta bomba de tiempo para el corazón

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La sabiduría popular lo ha bautizado de distintas formas ­–salvavidas, flotador, rollo abdominal– y viene condenándolo desde tiempo inmemorial. Ahora, la ciencia confirmó lo que todos sospechaban: a la altura del ombligo, y sin contener el aliento, los varones no deben acusar más de 102 centímetros y las mujeres, 88. De lo contrario, se está a las puertas de una enfermedad de nombre difícil que afecta ya al 25% de la población mundial y promete extenderse: el síndrome metabólico, una constelación de síntomas (ver recuadro) que al exceso de grasa abdominal suma alteraciones en los lípidos (colesterol y triglicéridos), hipertensión arterial y un fenómeno llamado resistencia a la insulina, antesala de la diabetes y muy asociado a la obesidad.

El doctor Carlos Borrego, que integra el Servicio de Cardiología del hospital Italiano de Buenos Aires y está a cargo de esa sección en el Sanatorio San Lucas, de San Isidro, agrega que la Federación Internacional de Diabetes es aún más estricta y propone cinturas por debajo de los 94 y 80 centímetros para varones y mujeres, respectivamente, pero enfatiza que “más allá de medidas, el perímetro abdominal es el signo más visible del problema, y el que debe llevar a la consulta.”

Lo cierto es que la cuestión no depende solamente del centímetro sino también de la forma en que los excesos se distribuyen por el cuerpo. “La grasa que se acumula en el abdomen es la más peligrosa –dice Borrego– y por eso las mujeres, que la concentran en glúteos y piernas, suelen estar más protegidas que los hombres, aunque después de la menopausia, al variar la distribución corporal de la grasa, ambos sexos suelen equiparar sus riesgos.”

El paso del tiempo no perdona: el doctor Sydney Smith Jr., presidente del Consejo de Asesores de la Federación Mundial del Corazón de los Estados Unidos, dijo hace pocos días que a medida que envejecemos y cada 16 años triplicamos el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Durante la última reunión del Colegio Americano de Cardiología, en Atlanta, Sydney Smith Jr. aclaró también que no es lo mismo tener apenas algunos centímetros de más que esos grandes excesos: cada vez que el abdomen supera 14 centímetros lo deseable, el riesgo cardiovascular aumenta entre un 21 y 40 por ciento.

A la hora de hacer cuentas, todo parece indicar una gran pérdida para la salud: quienes sufren el síndrome metabólico están en altísimo riesgo de morir de un infarto (el doble que la población sana), y tres veces más de sufrir un ataque cardíaco o cerebral. Si es que ya no sufren diabetes, los afectados se exponen ¡cinco veces más! a esta enfermedad.

“Hubo varios integrantes de mi familia que sufrieron de diabetes. Yo pensé que iba a ser mi único problema cuando me la diagnostircaron, pero de inmediato el médico me informó que tenía un alto nivel de triglicéridos y colesterol, por lo que debía estar más atento aun”, se lamenta Rodolfo A., de 52 años, que tiene problemas en su trabajo porque “falto seguido, a causa de mi enfermedad”.

Para Susana F. (48), las cosas son diferentes. Decidió ocuparse a tiempo del problema: “La acumulación de grasa abdominal era terrible. Cuando me subía a la balanza, me desesperaba. Ni hablar de los resultados de mis análisis de laboratorio. Empecé a cuidarme en serio en las comidas, y a hacer ejercicio. Ahora estoy tratando de abandonar el cigarrillo”.

Asociado a la mala alimentación y el sedentarismo, el síndrome metabólico se extiende no sólo entre la población adulta sino que también afecta a adolescentes y niños. En la Argentina, el panorama no parece más alentador: un reciente estudio mundial que convocó a más de 3000 pacientes locales –llamado Día Internacional de Evaluación de la Obesidad Abdominal (IDEA, por su sigla en inglés)– determinó que el 42% de las mujeres y el 40% de los varones excedían los valores de cintura apropiados. A su vez, el 61% de las mujeres y el 77% de los varones tenían kilos de más.

Rumbo a la solución

No existe un tratamiento único para el síndrome metabólico. El ejercicio físico es un eje crucial, ya que disminuye la resistencia a la insulina y permite que las células utilicen mejor esta hormona, reguladora del metabolismo de los azúcares (glucosa) en la sangre. Moverse, además de ayudar a verse mejor y levantar el ánimo, previene el aumento de peso.

“Hay un tratamiento social: fomentar estilos de vida más sanos –dice el doctor Borrego– y un tratamiento individual, que se basa en mejorar la alimentación, bajar de peso, no fumar y tratar farmacológicamente el factor de riesgo que esté sobreexpresado: hipolipemiantes para disminuir el colesterol y los triglicéridos, antihipertensivos para la presión arterial o drogas para combatir la resistencia a la insulina.”

También se cifran esperanzas en fármacos que, además de sus acciones terapéuticas específicas, sumen otros efectos positivos. “Tenemos diferentes tratamientos efectivos para enfrentar los componentes individuales del síndrome metabólico, pero necesitamos «tacklear» los factores de riesgo en conjunto”, dijo el profesor Ted Kurtz, de la Universidad de California, en Estocolmo, Suecia, durante el último Encuentro Anual de la Sociedad Europea de Cardiología, realizado en Estocolmo, Suecia. El especialista presentó resultados alentadores –aunque preliminares– sobre el uso de una droga de la familia de los “sartanes”, contra el síndrome metabólico.

El cardiólogo del hospital Italiano explica que a su capacidad para disminuir la presión arterial los sartanes parecen sumar la acción sobre el metabolismo glúcido “y aumentarían la sensibilidad de la célula a la insulina, aunque las conclusiones del estudio que permitirá confirmarlo se conocerán entre el próximo año y 2007″. También las estatinas, utilizadas para disminuir el colesterol, han mostrado tener un plus terapéutico inesperado: disminuyen los procesos inflamatorios que favorecen la obstrucción de las arterias con placas de grasa (ateromas) y, en este sentido, tendrían más potencial cardioprotector del inicialmente esperado. Sin embargo, los especialistas insisten en empezar por el principio: el compromiso de cuidarse, moverse y comer bien… mucho antes que echar mano del botiquín. V. S.

Identikit del agresor

El síndrome metabólico se caracteriza por obesidad abdominal (cintura por encima de los 102 centímetros en el varón y 88 en la mujer) más dos de los siguientes factores:

  • Triglicéridos superiores a 150 mg/dl
  • Colesterol HDL (”bueno”) menor de 40 mg/dl en hombres y 50 mg/dl en mujeres
  • Presión arterial superior a 130/85 mm Hg
  • Glucosa en ayunas superior a 100 mg/dl (indica resistencia a la insulina)

Fuente: Diario La Nación

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jueves, marzo 30, 2006

APNEA DEL SUEÑO

La apnea del sueño y el exceso de peso

Es un problema poco conocido y trivializado por mucha gente. Sin embargo, puede llegar a producir alteraciones graves en la vida diaria y riesgos importantes. Suele ser, por desgracia, una complicación más del sobrepeso.

La apnea del sueño es una enfermedad que afecta al 4% de los hombres adultos y al 2% de las mujeres. En total, aproximadamente un millón de españoles. A pesar de estar tan extendida, suele estar sin diagnosticar en un 90 % de los casos, y por tanto sin tratamiento. Consiste en frecuentes pausas respiratorias durante el sueño, superiores a diez segundos, que se convierte en ligero e interrumpido, con la consiguiente somnolencia diurna. Además, suele acompañarse de ronquidos frecuentes, que pueden ocasionar molestias a otras personas.

Cada pausa respiratoria (y pueden darse hasta 500 en una noche) obliga al cerebro a despertarse, aunque el paciente no se dé cuenta de ello. La baja calidad del descanso nocturno supone una constante somnolencia durante el día. Las consecuencias para la vida diaria pueden ser cefaleas, fatiga, mal humor e incluso impotencia. El rendimiento físico y psicológico disminuye, afectando a la vida personal y profesional. Por lo que respecta a cuestiones estrictamente médicas, la mala oxigenación de la sangre puede provocar hipertensión arterial y disfunciones cardiovasculares. En los obesos, por supuesto, sería un factor adicional de riesgo para padecer estas patologías. La apnea del sueño se asocia, además, a un índice muy alto de accidentes de tráfico, por tener menos reflejos y déficit de atención.

El doctor Juan Fernando Masa, miembro del grupo de trabajo sobre trastornos del sueño de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, indica que la causa de esta enfermedad es la obstrucción de la garganta cuando se relaja durante el sueño. Y esta obstrucción tiene mucho que ver con la obesidad, pues es producida, frecuentemente, por un acúmulo de grasa en esa zona. De hecho, el 80 % de las personas que la sufren son obesas o con sobrepeso.

Si se teme que uno mismo o nuestra pareja pudiera sufrirla, lo primero es acudir al especialista para tener un diagnóstico fiable. Si las sospechas se confirman, conviene poner remedio cuanto antes, pues ya hemos indicado la importante merma en la calidad de vida que supone, además de los posibles efectos graves para la salud. La solución deberá basarse en luchar contra la obesidad que la provoca, siguiendo una dieta adecuada y ejercicio. También conviene moderar el consumo de tabaco y alcohol, y prescindir de los somníferos, que pueden propiciar la apnea al relajar la musculatura de la faringe. Si eso falla, a veces hay que recurrir a aparatos respiradores engorrosos y molestos, tanto física como psicológicamente.

Fuente: Azprensa 2005

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sábado, octubre 29, 2005

CAMBIÁ TU VIDA EN 15′

Quince minutos de gimnacia al día, pueden cambiar su vida

Realizar una actividad física cualquiera que esta sea, es de mucha importancia para el ser humano, dado que si la hace de manera regular y por lo menos tres veces a la semana; esto le significará una serie de beneficios a su salud.

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No interesa cual sea la actividad que usted realice, lo importante es que sea constante en ella y que le dedique como mínimo quince minutos cada vez que la haga.

Usted mismo, planee su rutina, puede ser una caminata en las cercanías de su casa, un paseo en bicicleta, hacer actividades en su jardín o también actividades de grupo como una mejenga de fútbol o básquetbol.

En su comunidad debe existir algún espacio que le permita dedicarse este período de tiempo, además de disfrutarlo; usted tendrá la satisfacción de hacer algo por usted, que le generará grandes beneficios en el futuro.

Su salud futura depende en gran medida de lo que usted haga en este momento. Dedicarse al menos quince minutos diarios, es una gran inversión, más si consideramos que la vida actual nos lleva a una vida sedentaria que nos obliga a permanecer en una misma posición durante periodos muy largos de tiempo y que muchas de las actividades físicas se han simplificado por el uso de maquinas.

La falta de actividad física provoca un deficiente funcionamiento del corazón, pulmones, músculos y articulaciones. Además, por no realizar actividad física se aumenta la posibilidad de padecer obesidad, estrés y colesterol, entre otros problemas.

QUE PUEDE HACER

Tanto correr como caminar son movimientos naturales y sencillos que no requieren de una capacidad especial para hacerlos.

Realizar este tipo de actividad física en forma regular, mejora la capacidad del cuerpo para consumir oxigeno, regenerar arterias y vasos capilares, reduce la presión arterial y a su vez elimina el exceso de calorías evitando la obesidad. Además, la practica de actividades físicas favorece el corazón, lo hace más potente y resistente a las enfermedades.

BENEFICIOS DE LA PRACTICA DE ACTIVIDAD FÍSICA

1. La práctica de actividad física regular produce perdida de peso y disminuye la grasa corporal, mejorando el aspecto físico. Incrementa la masa muscular, aumenta la fuerza y la potencia del organismo.

2. Mejora el estado de ánimo, disminuye la ansiedad y la depresión. La persona que práctica actividades físicas siente mayor energía, alegría y bienestar.

3. La actividad física constante aumenta la capacidad de las arterias para transportar la sangre a todo el cuerpo, mejora la oxigenación de los tejidos y tiende a bajar en forma beneficiosa la presión arterial.

4. Sin importar la edad y el sexo, la practica de actividad física moderada ayuda a disminuir el colesterol en la sangre, con lo que se favorece su control, más si la persona cuida su dieta.

5. Para la práctica de cualquier actividad física utilice la ropa y el calzado adecuado y con la que se sienta más cómodo.

6. Aumente gradualmente el tiempo que ocupa para desarrollar su actividad física, lo importante es la cantidad que le dedique y no la intensidad.

7. Cuando vaya a practicar una actividad física, hágalo en lugares seguros y adecuados.

8. Cuando se sienta cansado descanse, haga la actividad física a su propio ritmo y de acuerdo con sus posibilidades.

9. El cuerpo necesita estar hidratado, más cuando se práctica una actividad física, es conveniente tomar como mínimo ocho vasos de agua al día.

10. Si practica una actividad física al aire libre no se exponga inadecuadamente al sol, use bonceador o bloqueador solar, use camiseta y visera o gorra.

11. Consulte con un especialista en educación física y con un médico para que le recomienden la actividad física más adecuada para usted. Recuerde que práctica de ejercicio, es una actividad individualizada.

12. Cualquiera que sea la actividad física que haya elegido practicar, hágala regularmente y sea constante. No se imponga desde el inicio metas muy altas, dé un paso a la vez y asegúrese de ir cumpliendo su plan.

13. No haga de la actividad física una rutina, más bien constituya un hábito saludable. desarrolle una actividad que lo mantenga motivado. En algunos casos puede ser conveniente combinar diferentes actividades físicas, como por ejemplo; caminar un día, nadar al día siguiente y dar un paseo en bicicleta o jugar un partido otro día. Con esto se asegura de ir ejercitando una mayor cantidad de músculos y no sentirá que se encuentra en una rutina.

14. Mantenga su cuerpo en movimiento, aproveche todo momento. Hay ejercicios simples que usted puede realizar si se encuentra en una fila o si esta sentado, haga diferentes movimientos circulares con las manos y los pies, inicie con una mano o pie y luego de unas diez repeticiones cambie de mano o pie. Otro ejercicio sencillo, consiste en pararse de puntillas y luego balancear el cuerpo hasta sostenerlo con los talones, usted repite este ejercicio unas diez veces. La idea es que ocupe el tiempo en que estaría sentado o de pie.

15. Trate de respirar de manera profunda y adecuada. Haga una inspiración profunda y sienta como el aire llena sus pulmones, mantenga el aire unos diez o quince segundos y luego exhale. Siéntase relajado, recuerde que la respiración superficial es un signo de cansancio.

Autor: Fernando Herrera Canales

Fuente: EnPlenitud.com

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